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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 555

Capítulo 555

Por ejemplo, en "El canto del ciervo", una pieza ya madura y consolidada, Linnette pretendía cambiar movimientos.

Al principio, Olivia escuchaba sus opiniones con seriedad, porque ella misma deseaba que el espectáculo siguiera puliéndose.

Pero después se dio cuenta de que Linnette no estaba proponiendo mejoras: lo suyo eran simples pretextos para colmarle la paciencia.

Olivia podía pasarse un día, una noche, o incluso más tiempo, reflexionando sobre alguna de sus propuestas; pero después le soltaba cinco o seis sugerencias en un solo día, y antes de que digiriera la primera, ya venía otra, y otra, una tras otra.

Entonces lo entendió.

Poco a poco, también empezaron a acercársele bailarinas de la compañía para contarle cómo se portaba Linnette dentro del grupo.

Que se la pasaba burlándose de cómo bailaban los demás, por ejemplo. O que, mientras alguien practicaba, "sin querer" lo empujaba.

Después de un ensayo, Olivia retuvo a Linnette para hablar con ella.

Linnette se mostró altanera; aunque la intención de Olivia al pedirle que se quedara era evidente, se mantuvo erguida y la miró con desprecio.

Olivia le habló con franqueza.

-Linnette, sé que eres muy talentosa, pero, ya que estamos en un mismo equipo, ¿podrías anteponer el bien común de la compañía?

Ella sonrió con desprecio.

-¿Cómo? Si estoy rodeada de un montón de cerdos, ¿ también tengo que convertirme en cerda?

-Linnette. -La expresión de Olivia se agravó- ¿Te parece bien menospreciar así a tus compañeros?

-¿Qué tiene de malo? Solo digo las cosas como son.

-Se rio con frialdad-. Y tú, igual. Pensé que iba a encontrarme con una compañía de danza impresionante, con una maestra que era todo un mito en el mundo de la danza, y resulta que no es para tanto: pura fama inflada. ¿Qué Cisne ni qué nada? Ya eres una gallina vieja, ¿no?

¿Tomar el esfuerzo creativo ajeno? ¿Echar a la creadora original?

Esa acusación era demasiado grande para que Olivia cargara con ella.

-Linnette, vas a tener que hablar con claridad. ¿De quién tomé una creación? Acusar a alguien sin pruebas es difamación -dijo Olivia con severidad.

Linnette rio con frialdad.

-¿Hace falta que te lo diga con todas sus letras?

Antes tenías el pie cojo. Una coja, ¿diseñando coreografías? ¿Cómo ibas a lograrlo? Alguien más armó todo el baile mientras tú, sentadita, te apropiaste de lo ajeno. Echaste a esa persona y te quedaste con el papel protagónico. Que en el entorno de la danza haya gentuza como tú es una verdadera vergüenza.

-¿De quién hablas? ¡Habla claro! ¿A quién le quité la coreografía?

"El canto del ciervo" de Olivia, desde la primera idea hasta la presentación en escena, lo conocía bailarín por bailarín. De la compañía solo se habían ido unos pocos, y Linnette no iba a referirse a alguien del cuerpo de baile como creador original: solo quedaban dos personas posibles, Julián y Fabiola.

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