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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 656

Carmen también sonrió al escucharla.

—Me alegra que te guste.

Como en el escenario no había tiempo para decir mucho, Olivia tuvo que bajar de la tarima y esperó poder reencontrarse con su maestra en el campus.

Al salir del teatro, el viento nocturno ayudó a Olivia a serenarse. Miró a Leonardo, que iba a su lado, y le dio un poco de vergüenza.

Seguro que él se preguntaba por qué había llorado así.

—Yo… —Todavía tenía los ojos algo rojos y se reía entre lágrimas—. ¿No es ridículo?

—¿Por qué lo sería? —Leonardo la miró bajo la luz del farol, con ternura—. Conmoverse por lo que uno ama merece mucho respeto.

Era la primera vez que Olivia oía a alguien hablar del “llanto” como de algo grandioso, y se le escapó una risa.

—Leonardo, sí que eres bueno con las palabras.

Pero él no aceptó el elogio.

—No lo digo por decir. Hablo en serio. Ya es difícil que alguien tenga una pasión a la que aferrarse; que además sea capaz de llorar por ella lo es todavía más. Te envidio.

—Si lo dices así, voy a terminar muy orgullosa.

Olivia rio.

—¡Y tienes todo el derecho a sentirte muy orgullosa! —Leonardo la miraba con sinceridad, sin la menor exageración.

Olivia respiró, aliviada.

—¿Y alguna vez estuviste en un lugar así? ¿Por qué, al contarlo, suena como si ya lo hubieras vivido?

Leonardo sonrió.

—Tú lo sabes. Muchas veces estoy solo. En cualquier festividad, incluso en mi cumpleaños, siempre estoy solo. Siento que el fuego reúne a la gente; a todos nos gusta acercarnos a los lugares cálidos, ¿no crees? En los libros o en las series, una chimenea siempre da sensación de calidez. Me imagino cómo sería estar reunido con mi familia alrededor de una chimenea, y eso es lo que quiero. No tiene que ver con el lugar; puede ser dentro o fuera del país; donde esté mi familia, ahí quiero estar.

Olivia pensó que Leonardo y Adrián eran muy distintos. Adrián también solía estar solo, pero enterraba su soledad en lo más hondo de su ser y se protegía tras la frialdad y el silencio. Leonardo, en cambio, nunca negaba la suya.

—Leonardo —murmuró Olivia—, si ese es tu sueño, entonces tienes que aferrarte a él y quedarte siempre, siempre, junto a tu familia.

Ojalá no volviera a recorrer el mundo entero manejando solo. Explorar también era una forma de soledad, ¿no?

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