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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 67

Capítulo 67 -A ver, Adrián, ¿por qué no te vas con Paulina? ¿Para qué me trajiste aquí? -Olivia miró a su alrededor, sin entender qué pretendía él al llevarla a esa suite.

Adrián se rio con amargura al escucharla.

-Vaya, señora Vargas, no sabía que fueras tan generosa. De haberlo sabido, me habría buscado a unas diez mujeres más en estos cinco años, ¿no?

Se quitó los zapatos y caminó descalza sobre la alfombra, restándole importancia al comentario.

-Todavía estás a tiempo de hacerlo.

"Si ya decidí dejar de amarlo, tengo que soportar este dolor y no volver a caer", pensó mientras se obligaba a mantener la compostura.

Adrián arrugó la frente mientras observaba su espalda recortada contra la ventana.

-Señora Vargas, no me digas que en serio crees que ya la hiciste con Julián.

Olivia se rio con burla.

-El león cree que todos son de su condición.

-Escúchame, Olivia, el mundo de la gente con dinero es mucho más complicado de lo que te imaginas. La vida no es una novela romántica donde los millonarios caen del cielo y se enamoran de cualquiera; en nuestro círculo todo es cuestión de intereses -sentenció él mientras se acercaba para quedar a su lado, contemplando las luces de la ciudad desde la altura.

A Olivia le pareció que esas palabras le resultaban familiares y se rio con sequedad.

-Claro, ¿qué podrían querer de mí? ¿A una mujer que ya va para los treinta o a una lisiada?

-No quise decir eso...

-Sí, eso es exactamente lo que piensas -lo interrumpió ella con una sonrisa amarga-. Solo que eres un poco más educado que mi mamá para decir las cosas. Seamos honestos, ¿en serio crees que alguien se fijaría en una mujer de casi treinta que no sirve para nada? ¿Es lo que quieres decir, no?

Adrián guardó silencio.

Olivia asintió con sarcasmo.

-Señor, aquí tiene. Esta bolsa es para la dama y esta para usted. Es ropa nueva que ya fue desinfectada - indicó el empleado del hotel.

-Gracias.

Adrián tomó las bolsas y le entregó una a Olivia.

-Ve a bañarte y quítate ese vestido, debe ser incómodo.

No era para tanto, pero ciertamente no era la prenda ideal para descansar. Olivia tenía ganas de ponerse algo más ligero.

-¿Quieres que te ayude? -preguntó él.

-¡No!

"¿Ayudarme en qué? ¿A quitarme el vestido o a meterme a la regadera? ¡No, gracias!", pensó ella, rechazando cualquier contacto.

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