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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 735

Pero aún le faltaba entregar otra de las pruebas. El video que Leonardo le había dado.

Él había hackeado el sistema de seguridad de la escuela y recuperado el fragmento de la grabación borrada. El video contenía imágenes clave, pero hackear un sistema no era precisamente legal, y ella temía que entregarlo le trajera problemas a Leonardo. Le bastó recordar una frase del subdirector. Después de todo, eran chicos a punto de presentar el examen de admisión a la universidad.

No quería perjudicar a Leonardo en un momento tan importante: el último año de preparatoria. Pensaba en eso cuando vio que Leonardo se acercaba.

—¿Y bien? ¿Para qué te buscaron? —La pregunta de Leonardo se parecía mucho a la que Adrián le había hecho al verla.

Olivia le resumió lo ocurrido a grandes rasgos.

—Creo que ya no debería haber problemas. La Secretaría de Educación va a investigar todo a fondo.

—¿Esto era lo que esperabas? —le preguntó Leonardo.

Asintió.

—Así es.

Leonardo sonrió, aprobador.

—Muy bien. Solo si la opinión pública presiona con fuerza, la sanción final será lo bastante severa.

A Olivia le sorprendió que Leonardo pensara igual que ella.

—¿No entregaste la grabación del tablero de avisos? —Eso era lo único que no le cuadraba.

Olivia asintió y luego negó.

—No, no la entregué.

—¿Por qué? —A Leonardo jamás se le había pasado por la cabeza que ella quisiera protegerlo por aparecer en esa grabación.

—Porque… —Olivia sonrió—. Yo también quería protegerte.

A Leonardo se le suavizó la expresión; se le iluminó la mirada y una sonrisa volvió a asomar poco a poco.

—A mí no me va a pasar nada. Ellos no van a…

Olivia negó.

—¿Ustedes no eran amigos antes?

No solo lo habían sido antes; también lo serían muchos años después.

La forma en que Adrián ocupó el lugar de Leonardo para cuidar de sus padres como un buen hijo, la forma en que siguió sus pasos… todo seguía vívido en su memoria.

Sobre todo en las islas escocesas. Con su suéter de punto holgado, su gran abrigo de cuero y al volante de una camioneta 4x4, Adrián ya se había convertido en otro Leonardo. ¿Cómo era posible que, en este mundo soñado, los dos se estuvieran distanciando cada vez más?

Quizá fuera por su llegada. Pero no sabía cuánto tiempo se quedaría ahí ni si algún día terminaría yéndose. Deseaba que los dos siguieran siendo amigos para siempre.

Deseaba que no surgieran rencores entre ellos por su culpa y que no terminaran alejándose.

—Adrián es una persona que… —Pensaba cómo describirlo: desde la perspectiva de sus veintisiete años o desde la de los diecisiete.

—Adrián… no es buena persona —dijo Leonardo de pronto—. Mejor aléjate de él.

Olivia quedó perpleja. Eso no era algo que Leonardo diría.

—Leonardo. —No quería para nada que esas palabras salieran de su boca. Sí, Adrián no era buena persona, pero solo la Olivia adulta podía decirlo, porque, de todas las personas, solo con ella se portaba mal.

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