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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 744

—Por nada en especial.

—No, ¡a mí me explicas bien! —Federico no estaba dispuesto a dejar el tema.

Adrián suspiró.

—Es que las estrellas no me dejan…

—¿Qué… qué estrellas? —Federico entendía cada vez menos—. ¿Vas a jugar un partido de basquetbol y ahora resulta que tienes que pedirles permiso a las estrellas?

—Ya llegaron las estrellas —dijo otro chico, y dejó una bandeja en la mesa de Adrián y Federico.

Era Leonardo. Al llegar él, Olivia y Daniela quedaron por fin al descubierto. Adrián alzó la mirada y la vio. Se quedó inmóvil un instante; luego miró la bandeja de Olivia y terminó fijándose en su muñeca.

Todavía llevaba puesta la pulsera. Él apenas sonrió.

—Federico ya terminó. Siéntense aquí.

Federico miró su plato, en el que todavía quedaba más de la mitad de su comida, sin entender nada. Al ver que Adrián no cedía, tomó su bandeja a regañadientes, aunque seguía sin resignarse.

—Leo, ¿sabes quiénes son esas supuestas estrellas del jefe?

Adrián, Leonardo y Olivia se quedaron callados.

Daniela vio a Federico alejarse mientras comía y, al sentarse, también se quedó con ganas de preguntar de qué estaban hablando.

—Tú come y ya. Cuando termines, vamos a hacer el examen —la interrumpió Adrián antes de que pudiera preguntar.

Ese día su grupo tenía un examen corto de inglés. Daniela suspiró, fastidiada.

—¡Estos exámenes interminables! ¿Cuándo se van a acabar?

—Hasta para hablar tienes mala gramática. —Leonardo la criticó.

A Itzel se le apagó el entusiasmo.

—Tienes razón. Ay, yo que pensaba que por fin íbamos a tener baño propio… ¿Cómo se me olvidó ese detalle? Habrá que seguir aguantando…

—De todos modos, ya hemos aguantado todos estos años. Falta poco para graduarnos.

Todas hablaban a la vez, cada una de lo suyo. Itzel miró a Olivia, suspiró y añadió:

—Aun así, no hay que confiarse, no vaya a ser que en las duchas comunes alguien te agarre del pelo y te golpee.

Olivia entrecerró los ojos. Entonces recordó que Itzel parecía llevarse bien con Paulina. El comentario era para ella. Cuando estaba por responder, sonó su celular.

Miró la pantalla y se le iluminó la cara.

¡Era Santiago, ya había vuelto!

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