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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 81

Capítulo 81 -No la voy a desempacar, haga lo que quiera - sentenció ella antes de abrir la puerta y salir.

Ni siquiera desayunó en la casa; se compró un agua y una empanada en un puesto de la calle y, en cuanto terminó, pidió un taxi para ir al hospital. Al terminar su sesión de acupuntura, escuchó que el celular no dejaba de sonar. Lo sacó de su bolso y vio que era Adrián.

Contestó y escuchó su voz de urgencia.

-¿Dónde dejaste un sobre café que tenía guardado?

-No tengo idea -respondió ella con calma.

-Lo puse en el compartimento de la maleta, ¿en dónde lo metiste? -El tono de Adrián se volvió aún más desesperado-. Lo necesito para una junta.

Olivia se despidió del doctor y salió del consultorio sin ninguna prisa antes de responderle.

-¿Cuál maleta? No he guardado nada, no sé de qué me hablas.

-¿Cómo que no...? -Adrián se quedó mudo por la sorpresa. Se escuchó cómo caminaba rápido hacia el recibidor y, efectivamente, vio que su maleta seguía ahí, exactamente donde la había dejado-. Mi maleta está aquí en la entrada, ¿qué no la viste?

-Ah, sí, la vi -contestó ella mientras caminaba tranquilamente por la banqueta al salir del hospital.

-¿Y no la desempacaste? -El asombro de Adrián era cada vez mayor.

-Pues no, no lo hice -dijo ella. ¿Por qué tendría que haberlo hecho?

-¿En dónde estás? ¿Por qué se oye música? -insistió él, con tono inquisitivo.

-Estoy de compras -mintió ella al ver que pasaba junto a una cafetería con mesas al aire libre; de ahí venía la música.

-¿De compras? ¿Y cómo le haces para ir así?

Olivia entró al local y una muchacha con uniforme negro le indicó amablemente dónde sentarse.

-O sea, ¿insinúas que porque estoy coja no puedo salir a las tiendas?

Él se quedó callado del otro lado de la línea. Pasaron unos segundos antes de que volviera a la carga.

Aquella vez, para llegar a su destino, tenía que pasar forzosamente junto a él. Se quedó paralizada, sin saber si debía interrumpir esa escena tan perfecta.

Fue él quien se dio cuenta primero. Tiró la hoja al suelo y, con una actitud muy indiferente, le dijo:

-Si vas a pasar, ya apúrate.

Cuando ella miró a ambos lados y confirmó que le hablaba a ella, sintió que el corazón le latía a mil por hora. Su voz le pareció tan clara y hermosa como el agua de un manantial, igual que cuando soplaba la hoja.

En aquel instante, se enamoró.

Pero ahora, el hecho de que ya no lo amaba, también lo era.

"Así es, Adrián, ya no te quiero".

Resultaba increíble que el amor y el desamor pudieran sentirse con tanta fuerza en un solo segundo.

Si tan solo su relación se hubiera quedado detenida en aquel momento de la preparatoria, todo sería distinto.

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