Capítulo 98 Que supiera cocinar no significaba que supiera hacerlo al aire libre. Lograr que el fuego prendiera se convirtió en su mayor obstáculo.
Hizo un esfuerzo enorme, tanto que terminó con la cara manchada de hollín y ceniza, pero no consiguió ni una flama. Ella era diferente; de niña, en las vacaciones, siempre iba a Santa María a jugar. Con los niños del pueblo aprendió a prender fogatas, trepar árboles y buscar nidos; hacía de todo.
Por eso, como ella estaba en el equipo de al lado y ya no podía seguir viendo su fracaso, se acercó a ayudarlo, acomodó la leña para que entrara aire y prendió el fuego.
Él se quedó viendo las llamas que ardían con fuerža, pasmado. Quizás porque sabía que se veía fatal, ni siquiera le dio las gracias.
Pero después de eso, su desempeño fue muy constante. Por la forma en que picaba los ingredientes y se movía en la cocina, se notaba que sí ayudaba en su casa.
Esa fue la única vez que ella probó algo que él hubiera cocinado.
Los de su equipo fueron agradecidos y, como sabían que pudieron comer gracias a él, le dieron la mejor pieza de pollo asado.
Él no se la comió. Al pasar junto al grupo de ella, dejó la pieza de pollo en su plato.
En ese momento, Olivia sintió que el corazón se le iba a salir. Esa pieza de pollo le quemaba la mirada; no se atrevía a tocarla y, de solo verla, sentía que brillaba demasiado.
Al final, tardó al menos media hora en terminársela, mordida a mordida, muy despacio. En todo ese tiempo, ni siquiera supo qué sabor tenía.
Ese fue uno de los pocos momentos en que convivieron.
Esa noche, ella solo pudo soñar con él. Recordaba su cara manchada de ceniza, sus dedos al cortar la verdura y esa expresión tan seria y concentrada que ponía al cocinar.
Al día siguiente en clase, mientras se le quedaba viendo a la espalda, llenó una hoja entera escribiendo " Adrián"...
Después, no supo dónde quedó ese papel, pero ese nombre se le quedó grabado en el alma y nunca pudo sacárselo de la cabeza.
Mencionó que alguna vez le pidió ayuda con una tarea.
Y era verdad, sí lo hizo.
Pero es probable que él ya ni lo recuerde.
Fue después de una junta de padres. Los maestros estaban pasando lista de quiénes no habían tenido a nadie que los representara, y ella era una de las que faltaba.
-Es cierto, Adrián, te va muy bien, ¿por qué no vino nadie?
Adrián solo respondió con un tono cortante:
-Ya no pregunten, se murieron.
Los otros niños se espantaron y no volvieron a decir ni una palabra. Sin embargo, solo Olivia sabía que, si sus padres hubieran muerto, él no lo habría dicho de esa manera.
Y esa misma tarde, al salir de clases, fue testigo de una escena que no debió ver y que le dio una pista de la respuesta.
Él estaba parado en un rincón discreto cerca de la puerta trasera de la escuela cuando un auto de lujo se detuvo frente a él. La ventanilla se bajó y alguien lanzó un fajo de billetes que le golpeó la cara. El dinero salió volando y terminó tirado en el suelo.
Desde adentro del auto, una persona lo señaló con el dedo con furia.
-¡Dinero, dinero! ¡Es lo único que sabes pedir! ¡Eres una carga! ¡Ten y lárgate!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...