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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 99

Capítulo 99 Olivia estaba impactada; no tenía idea de que su situación familiar fuera así. Él era muy terco y no se dignó a recoger los billetes que le habían tirado.

-No hace falta -le escuchó decir con un tono indiferente-. ¡De ahora en adelante, no te voy a recibir ni un centavo!

En cuanto terminó de hablar, se dio la vuelta para irse.

El sujeto bajó del auto y lo alcanzó para gritarle:

-¿Ah, sí? ¡A ver si es cierto que no vuelves por más dinero! ¡A ver cómo le haces para sobrevivir!

El sol de esa tarde brillaba con fuerza, bañándolo con una luz dorada. Adrián sonrió con rebeldía y, sin voltear, respondió:

-No te preocupes. Antes busco a alguien que me mantenga que volver contigo.

¡Qué cosas decía! Olivia, que en ese entonces todavía estaba en la preparatoria, se quedó muda de la impresión.

Aunque, pensándolo bien, no era la primera vez que escuchaba algo así. Cuando su mamá se enojaba con ella, a veces le gritaba que mantenerla era un desperdicio de comida y que mejor se fuera a vender a la calle.

Cada vez que su madre la insultaba de esa forma, Olivia sentía tanta vergüenza y tristeza que deseaba no haber nacido. En esos momentos, se mordía los labios con fuerza, hasta que le dolían o incluso sangraban, solo para evitar que las lágrimas brotaran sin control. Pero, ¿cómo podía él decir algo así de sí mismo? Debía sentirse muy mal para hablarse de esa manera.

En ese instante, la luz del atardecer caía sobre ambos, iluminando también esos rincones oscuros que compartían en su interior.

De pronto, sacó valor de quién sabe dónde, caminó hacia él y, con los ojos muy abiertos, le dijo:

-¡Por favor no dejes que nadie te mantenga asi!

No supo si fue un error de su vista, pero le pareció que, bajo la luz del sol, los ojos de él brillaron por un segundo.

Fue fugaz. Él miró hacia otro lado y, con una sonrisa burlona, le preguntó:

-¿Por qué? ¿Tú me vas a mantener?

Olivia se quedó callada.

Ese fue el momento más impulsivo de Adrián. Incluso ahora, después de diez años, nunca había vuelto a mostrarse tan vulnerable como aquel día.

Tras decir aquello, pasó junto a ella. El ligero viento que provocó al moverse traía consigo un aroma fresco, propio de la juventud.

Al día siguiente, ella se le acercó con unos problemas  

ara pedirle ayuda.

Él estaba parado bajo la sombra de un árbol. La luz del sol se filtraba entre las hojas, dibujando manchas luminosas sobre su ropa.

No se atrevía a levantar la mirada y subía los peldaños con lentitud.

—¿Ahora resulta que no me puedes ni mirar? —dijo él desde arriba.

El sol de esa tarde se sentía pesadísimo y le puso la cara roja. Olivia estaba frente a él, tan apenada que no podía ni hablar.

Él se rio con sarcasmo.

—Digo, porque ayer andabas muy valiente queriendo mantenerme.

Bajó la cara todavía más.  —Yo... yo no...

De pronto, Adrián extendió la mano y puso un billete de cinco frente a sus ojos.

—¿Y esto qué es? ¿Crees que con esto ya eres mi dueña?

 

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