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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 297

Julia sonrió y asintió con entusiasmo.

―Recuerda tomarla mientras siga caliente. Ya me voy.

Natán observó los termos frente a él y tomó uno. El fuerte aroma de la medicina tradicional atacó su olfato de inmediato. Su reacción alérgica provocada por la misoginia era una vulnerabilidad, una debilidad que debía mantener oculta. Si se daba a conocer, sería una gran amenaza para él. Y así, se tomó el brebaje de un trago.

La puerta del elevador se abrió. Cristina se dirigía a la oficina con una lonchera cuando se encontró con Jolette, quien acababa de salir de la oficina de Magdalena. Ellas no podían soportar ni verse, así que Cristina siguió caminando y se rehusó a mirarla. Al pasar a un lado de la otra, Jolette no pudo evitar tomar la mano de Cristina. Luego, le lanzó una mirada despectiva a la lonchera y dijo con desdén:

―¿Crees que eres una chef de cinco estrellas? ¿Cómo te atreves a cocinar para Natán?

Su voz estaba llena de sarcasmo. Cristina retrajo su mano de inmediato, pues sabía que mientras Jolette más furiosa estuviera, más tranquila debía mantenerse.

―Natán adora mi comida. Siempre deja limpios los platillos que le preparo.

Jolette por fin sintió la inquietud de presenciar a alguien hablando de la forma más provocadora, pero de la manera más tranquila. Cristina parecía gentil por fuera, pero bajo su fachada había una persona armada con las espinas más filosas. Parecía que los ojos de Jolette estaban por salir de sus órbitas mientras se ponía roja de la ira.

―Deja de actuar con arrogancia. Cuando Natán mejore, ¡te dejará y se conseguirá una esposa mejor, más bonita y eficiente!

Cristina no entendía a lo que se refería, no podía comprender el significado detrás de sus palabras crípticas. Natán siempre había tenido buena salud, o al menos eso creía. ¿Por qué Jolette estaba insinuando lo contrario? Sus palabras sonaban sin sentido para Cristina.

«¿Acaso la hice enojar tanto que perdió la cabeza?»

Jolette contuvo sus ganas de revelar la verdad y se giró, huyendo de la escena. Cristina ignoró sus palabras y entró a la oficina de Natán. Su oficina era amplia e iluminada, con el aire acondicionado encendido. Sin embargo, el aroma intenso de la medicina tradicional seguía en el aire. Cuando sus miradas se encontraron, Cristina pudo sentir cómo se sonrojaba de pena. Esa mañana, se habían despedido de forma amarga, pero cuando Cristina se tranquilizó, se dio cuenta de que Natán debió molestarse porque se preocupa mucho por ella.

Cristina enterró sus uñas en sus palmas mientras lo miraba de forma inocente, como una niña que había hecho una travesura. Lucía tan tierna que Natán no pudo evitar perdonarla sin importar lo que había hecho.

―Hice el almuerzo. ¿Comemos juntos? ―preguntó Cristina suavemente, como un gatito que acababa de despertar de su siesta.

―Claro.

La tristeza en los ojos de Natán desapareció un poco. Cristina se acercó a la mesa de centro. De pronto, frunció el ceño y preguntó:

―Natán, ¿por qué tu oficina huele a brebaje herbal?

―Ah, mi madre me trajo un poco hace un momento ―respondió Natán con una expresión rígida, pues no era bueno mintiendo.

―Ya veo.

Cristina no se dio cuenta de su reacción extraña. Sacó la lonchera y sonrió mientras le hacía una seña para que comiera con ella.

―Ven, hay que comer.

Natán dejó a un lado el documento que estaba sosteniendo y fue a la mesa con ella. Se quitó el saco de su traje, revelando un chaleco negro con una camisa blanca que lucía su cuerpo muscular. La mirada de Cristina cayó sobre sus músculos definidos por instinto, provocando que su corazón se acelerara. Natán se sentó a su lado y comenzó a comer con elegancia. A él le encantaba la comida de Cristina. El amor y cuidado que ponía al preparar platillos caseros y sencillos hacía que los apreciara más.

―¿A qué hora sales del trabajo hoy? Iré a recogerte ―ofreció Natán.

La imagen de él quitándose el saco seguía en la mente de Cristina, así que sus mejillas seguían sonrojadas al decir:

―Tengo… tengo que reunirme con un cliente a las ocho esta noche, luego de eso estoy libre del trabajo.

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