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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 298

Francisco agachó su mirada por un momento y pronto la volvió a levantar para vacilar:

―¿Tendrán una cita? ¿Les importa si me uno?

Cristina se sorprendió al escuchar eso. Ambos hombres discutían cada que se veían y no paraban hasta que había un ganador. Sus palabras hicieron que se estremecieran de miedo.

―Estaba bromeando. ¿Por qué te ves tan seria?

Cristina suspiró de alivio. Ya casi era hora de que Cristina se fuera cuando se terminaron el postre. Tiró las cajas vacías y dijo:

―Ya puedes irte. Necesito guardar mis cosas.

Francisco sabía que ella no quería que Natán los viera juntos y estaba poniendo excusas para hacer que se fuera. Por alguna extraña razón, él sintió que se tenía que esconder para que los demás no lo vieran, justo como lo hacía cuando era un niño y lo consideraban el hijo ilegítimo de alguien más. La sensación de su dignidad siendo destruida lo abrumó al instante. De pronto, una idea terrible apareció en su mente. Francisco miró hacia la cámara escondida en una planta y se acercó a Cristina para abrazarla por detrás. Su cuerpo era suave y olía genial, así que Francisco sentía la necesidad de sumergirse en su presencia. Cristina se encogió de sorpresa y dijo:

―¿Qué haces, Francisco?

―Me duele la espalda, Cristina. Creo que son los efectos secundarios de mi lesión pasada ―se quejó Francisco mientras fruncía el ceño, fingiendo dolor.

Cristina estaba de espaldas, así que no notó su expresión tranquila. Se sintió un poco culpable de que él tuviera que posponer su tratamiento gracias a ella.

―¿Qué deberíamos hacer? ¿Debería llamar a un doctor? ―dijo Cristina, entrando en pánico mientras metía la mano en su bolsillo para tomar su teléfono.

Francisco abrazó a Cristina con fuerza, recargándose en ella. Inhaló su aroma con avaricia y dijo:

―No hace falta. Deja que te abrace y tome un breve descanso.

Cristina no tuvo opción más que quedarse quieta como un tronco, permitiéndole recargarse en ella. Su abrazo gentil se reflejaba en la ventana traslúcida, provocando una escena romántica, similar a la de una película.

―¿No es cansado que estés parado? ¿Por qué no te sientas?

Cristina escapó de sus brazos cuando no estaba prestando atención y le consiguió un sillón para que se sentara. Un rastro de decepción apareció en los ojos de Francisco mientras sentía cómo el calor del cuerpo de Cristina desaparecía. Escondió sus emociones de inmediato y respondió:

―No hace falta. Mi asistente me está esperando abajo, así que debería irme.

―De acuerdo.

Cuando Cristina se giró, la figura alta había desaparecido, como si nunca hubiera estado ahí en primer lugar. Miró su reloj y supuso que Natán llegaría pronto. Limpió la mesa y se sentó en el sofá para leer una revista, preguntándose qué película verían más tarde. Mientras el tiempo pasaba, se quedó dormida sin darse cuenta. Luego de un rato, su teléfono sonó y la despertó. Al abrir los ojos, se encontró con una luz deslumbrante.

―Lo siento, Cristina. Mi reunión terminó más tarde de lo que esperaba. ¿Deberíamos ir a ver la película ya? ―dijo Natán en un tono tranquilo, pero Cristina podía escuchar cómo caminaba con prisa.

Cristina miró la hora y se dio cuenta de que ya pasaban de las diez y media.

―Ya es algo tarde. Vamos otro día. Estaba pensando que podíamos pasar la noche en la mansión Sharoncella para poder desayunar con mi mamá y la abuela mañana.

Se pudo escuchar el elevador mientras Natán respondía:

―Está bien, aún hay tiempo. Después de la película, podemos regresar juntos a la mansión y pasar la noche ahí. Ambos desayunaremos con ellas.

Era obvio que realmente quería ir al cine con Cristina en lugar de no cumplir su palabra de nuevo. Cristina sonrió sin pensarlo y dijo:

Capítulo 298 Tu casa está en llamas 1

Capítulo 298 Tu casa está en llamas 2

Capítulo 298 Tu casa está en llamas 3

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