Dorian se había ido temprano a la empresa sin decir para qué. Amelia supuso que, tras varios días fuera, se le había acumulado el trabajo y tenía que ponerse al día.
Cuando él se fue, Serena ya estaba despierta y quería irse con su papá a jugar a la oficina. Amelia tuvo que convencerla para que se quedara.
Dorian no accedió a llevar a Serena, aunque Amelia recordaba que antes del accidente a él le encantaba llevarla, incluso deseaba tenerla pegada todo el tiempo. Debía estar realmente ocupado.
Aun así, regresó a comer con ellas al mediodía y esperó a que Serena se durmiera para volver al trabajo.
La nueva niñera y la cuidadora que él había contratado ya estaban ahí.
Habían llegado por la mañana, pero Serena, nostálgica, extrañaba a Marta. Aunque saludaba educadamente a la nueva cuidadora, no quería quedarse a solas con ella; necesitaba que Amelia estuviera presente todo el tiempo.
Como Amelia había quedado desde la noche anterior en ir a ver a su abuela para confirmar el diseño, y no se sentía tranquila dejando a Serena con la nueva cuidadora, decidió llevarla consigo.
Laura no esperaba que fuera Amelia.
Aunque no la trataba mucho, tenía una excelente impresión de la hija perdida de la familia Sabín.
Amelia no era tan vivaz y aduladora como la antigua Fabiana, pero tenía un aura suave y tranquila muy agradable. Siempre saludaba con una sonrisa y sin aires de grandeza.
La dulzura de Fabiana era solo para los Sabín; con los empleados, solía ser arrogante y mandona. Amelia no tenía esos defectos, era muy accesible, por lo que Laura la apreciaba mucho.
—Srta. Soto, vino a ver a la abuela.
Al ver que era ella, Laura sonrió y la invitó a pasar.
—Gracias, Laura —dijo Amelia entrando de la mano con Serena—. ¿Cómo está la abuela hoy?
—Muy bien —dijo Laura—. Quizás porque usted vino ayer, hoy amaneció de mejor ánimo. Preguntó desde temprano si usted vendría. Está muy lúcida, la familia está asombrada, hacía mucho que no la veían así.
—¿Está en su cuarto? —preguntó Amelia, conmovida de que su abuela la recordara.
—Sí —dijo Laura—. Debe estar descansando, pero ya casi despierta.
Mientras hablaban, llegaron a la puerta de la sala.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian)