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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1668

Dorian estaba atendiendo una llamada, así que entró un paso detrás de ella.

Justo cruzó la puerta cuando ella se quedó plantada al ver aquel arreglo de rosas empujado en su dirección.

Alzando un poco la ceja, Dorian clavó la mirada en Rafael.

—¿A qué viene todo esto, señor Iglesias?

Preguntó Dorian directo, con un tono tan sereno que nadie podría adivinar su estado de ánimo.

Rafael tampoco se esperaba ver a Dorian apareciendo por ahí; frunció el ceño en un ligero gesto de extrañeza, pero se recompuso enseguida, miró a la chica y luego se dirigió a él.

—El señor Ferrer no está acostumbrado a conquistar mujeres, es muy normal que no entienda lo que esto significa.

Lo dijo de forma tranquila, pero era una clara provocación.

Aquello a Amelia la hizo sentir incómoda, así que se adelantó antes de que Dorian pudiera contestarle:

—Soy yo a la que no le gusta que anden detrás de ella intentando ligar. En toda su vida, Dorian jamás se ha interesado en nadie más; por lo mismo, él no necesita de todas estas ridiculeces.

Tras esas palabras, tanto Dorian como Rafael voltearon a verla al mismo tiempo.

Amelia no lo pensó dos veces; se agarró del brazo de su novio, miró a Rafael y se lo presentó:

—Rafael, te presento formalmente a mi novio: Dorian.

El tono de su voz no tambaleó en ningún momento; su mirada era cálida y tranquila, sin ninguna hostilidad ni sarcasmo. Tan solo presentó a su hombre con convicción y sin titubear.

Rafael nunca había visto a una Amelia así.

Había sido testigo muchas veces de la dinámica entre ella y Dorian; los había visto en plan educado, distantes, sufriendo, con nostalgia... De mil maneras, pero nunca mostrándose tan dependiente y demostrando su amor con tanta confianza.

Incluso en la transmisión en vivo cuando aclararon todo en la plaza de Grupo Esencia, ella lo había mirado con una mezcla de agradecimiento y amor; pero esta vez era distinto: sin reservas, con los ojos puestos únicamente en él.

Dorian también llevaba mucho tiempo sin presenciar algo así.

La Amelia de sus años de juventud o la Amelia que había perdido la memoria siempre lo había protegido incondicionalmente y se acercaba a él sin dudarlo.

El comentario lo dejó atónito por un momento.

—No es la primera vez que dejas claras tus intenciones, ni tampoco es la primera vez que yo te rechazo. Con o sin memoria, siempre fuimos directos, y esto ya pasó más de una vez. Un montón de arreglos y una escenita romántica no van a cambiar en nada lo que siento —le explicó ella, sin levantar la voz—. Te lo pido de favor, Rafael: no pierdas más el tiempo conmigo. Te perjudicas a ti, me incomodas a mí y, la verdad, a mi novio también le molesta.

—Me hice ilusiones yo solo —reconoció con una sonrisa resignada, dándole un empujón suave al carrito lleno de flores—. Toma todo esto como una disculpa que te preparé.

Amelia frunció el ceño, sin entender por qué se disculpaba.

—Lo siento. Aquella vez me equivoqué al aprovecharme de tu amnesia y mentirte diciendo que era tu novio —le confesó él mirándola a los ojos.

—Tu disculpa es aceptada, pero las flores están de más; te las puedes llevar —lo interrumpió Dorian. De inmediato, empujó el carrito de rosas hacia él—. Si realmente siente remordimiento, señor Iglesias, puede compensarlo con otro tipo de favor.

Rafael se le quedó viendo a Dorian.

—¿Como qué?

—Necesito encontrar a alguien —soltó Amelia, poniéndole la foto de Elvia a la vista—. Rafael, ¿sabes dónde está ella ahora?

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