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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1478

Marta se giró con lentitud. Al ver a Amelia acercándose y a Dorian con Serena en brazos, sus ojos apagados recuperaron un poco de brillo.

—¿Meli? —dijo sorprendida, poniéndose de pie. Luego miró a Dorian—. ¿Qué hacen aquí?

—Estábamos preocupados. —Amelia le tomó las manos y la revisó de arriba abajo—. ¿Estás bien? ¿Te lastimó?

—Estoy bien —murmuró Marta—. No se preocupen.

Dorian la miró y luego echó un vistazo al interior de la casa. La sala era un desastre: la mesa del comedor estaba volcada, el suelo lleno de platos rotos y comida esparcida. Un hombre gordo estaba sentado en un banquito junto a la mesa volcada, bebiendo vaso tras vaso en una mesita auxiliar.

Dorian frunció el ceño.

—¿No vino la policía?

—Vinieron —respondió Marta en voz baja—. Les dije que fue una pelea de pareja, solo una discusión, y se fueron.

Amelia frunció el ceño e intercambió una mirada con Dorian.

—Mi hijo está por presentar sus exámenes de secundaria, no quiero que nuestros problemas lo afecten —suspiró Marta—. Solo bebió un poco...

—¿Te pega seguido? —la interrumpió Amelia.

Marta negó con la cabeza.

—No. Cuando no bebe, está bien; nos ignoramos y hay paz. Pero cuando bebe se pone violento. Por eso sentí que no tenía caso seguir aquí y me fui a trabajar a la ciudad.

—¿Has pensado en divorciarte? —preguntó Amelia.

—Lo he pensado, pero poniendo todo en la balanza, es mejor mantener las cosas como están —soltó otro suspiro largo—. Tenemos tres hijos. Ni él ni yo podemos mantenerlos solos a los tres, y yo no puedo ni con uno. Mi familia no puede ayudarme y no puedo trabajar y cuidarlos al mismo tiempo. Así que mejor sigo así: yo salgo a trabajar y mandar dinero, y ellos se quedan con sus abuelos y su papá. Al menos los tres hermanos no se separan, y yo puedo ahorrar mientras soy joven para su futuro y el mío.

Marta le sonrió a Amelia.

—En realidad, es casi como estar divorciada. No vivir juntos está bien; no nos hablamos, no me importa lo que haga. Yo me esfuerzo por ganar dinero para que mis hijos vivan mejor. Aunque no pueda estar con ellos, quedarse en una casa donde hay peleas y golpes a diario les haría más daño. Su papá es un patán cuando bebe, pero los quiere, y sus abuelos también. Ellos ya se acostumbraron a vivir sin mí, así que... está bien.

Amelia no sabía qué decir. Se le partía el alma. Ninguna madre quiere dejar a sus hijos; simplemente no tenía opción.

No dijo nada, solo la abrazó.

Marta le devolvió la sonrisa.

—Estoy bien, de verdad. Solo sentía culpa por no estar con mi hijo antes de sus exámenes y quise venir unos días, pero quién iba a decir...

Marta parecía acostumbrada; su expresión no cambió.

—Hace dos años él puso un negocio de materiales de construcción con alguien más. Supongo que ganó algo de dinero y se buscó a alguien. Como los niños no están entre semana, la trajo a la casa. La pelea de hoy empezó porque le pedí que la mujer se fuera para que los niños no la vieran...

Marta suspiró y miró hacia una zanja cercana. Amelia notó entonces que había una maleta tirada allí, abierta, con la ropa regada por el suelo.

Reconoció la maleta; era de Marta.

—¿Él la tiró? —preguntó Amelia con voz gélida.

Marta asintió.

—Sí. Me corrió.

—...

Amelia se dio la vuelta con intención de entrar a confrontar al hombre, pero Dorian la detuvo del brazo y le preguntó a Marta:

—¿Ese montón de grava y arena en la entrada es de su empresa de materiales?

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