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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1481

—Al principio pensé que era solo la «ilusión de frecuencia», como cuando estás embarazada y ves embarazadas por todos lados. Pero con todo el escándalo de los materiales de mala calidad en el Pabellón de Ciencias de la escuela, me fijé más al ver que tenían tanta arena y grava amontonada —dijo Dorian—. Aunque, a juzgar por la discusión entre el marido de Marta y esa mujer, parece que le dimos al clavo de pura casualidad.

—¿De verdad crees que sea tanta coincidencia? —Amelia frunció el ceño.

Si el esposo de Marta estaba realmente involucrado en eso, el asunto se iba a poner feo.

Marta claramente estaba protegiendo a su marido. El tipo la había golpeado hasta dejarla así, tenía otra mujer y, aun cuando la policía llegó a la puerta, ella lo encubrió y convenció a los oficiales de que se fueran. Probablemente tenía miedo de que se lo llevaran detenido y eso le generara antecedentes penales que afectaran el futuro de sus hijos.

—Yo diría que es casi seguro —dijo Dorian—. Mañana me llevaré algunas muestras para que las comparen en el laboratorio con el concreto del derrumbe en el Pabellón de Ciencias.

Amelia asintió:

—Está bien.

—Y sobre lo de Marta…

Ella dudó un momento. Originalmente, la idea del viaje era llevarse a Marta de regreso, pero si el asunto del Pabellón de Ciencias involucraba a su esposo, Amelia no sabía cómo manejarlo. Por más que Marta odiara a su marido, tenían tres hijos en común y, en teoría, sus intereses estaban ligados.

Amelia no podía estar segura de si Marta terminaría odiándolos y si ese rencor recaería sobre Serena.

—No le des tantas vueltas, mejor lávate la cara y descansa —Dorian le puso la mano suavemente en el hombro para tranquilizarla—. Mañana hablamos bien con Marta.

Amelia asintió:

—Va.

Después de un día tan ajetreado, ella también estaba agotada. Se lavó la cara rápidamente y se metió a la cama, pero no lograba conciliar el sueño. Se quedó con los ojos abiertos, repasando todo lo que había vivido con Marta desde que la conoció.

La verdad es que Marta nunca había sido una persona mezquina ni rencorosa, y mucho menos alguien que no distinguiera el bien del mal. Por lo que conocía de ella, era poco probable que se desquitara con Dorian o con ella por culpa de su marido.

Pero, al final del día, Marta viviría en su casa cuidando a Serena. Era un riesgo que no podía correr.

Dorian hizo una pausa y añadió:

—Y si no lo entiende, nosotros la ayudaremos a entenderlo.

Los ojos de Amelia, que antes estaban llenos de dudas, se iluminaron.

—Cierto, ¿cómo no lo pensé antes?

Dorian sonrió levemente, le acarició la mejilla y se inclinó para darle un beso suave en los labios.

—Ándale, duérmete ya, que ha sido un día largo.

Estaban en un hotel y Serena dormía al otro lado de la cama, así que tampoco podían hacer nada más.

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