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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1480

—A la obra, ¿a dónde más? —La mujer en pijama no sabía si era indiscreta o simplemente ignorante—. No sé a cuál exactamente, yo no hago los fletes.

Amelia captó al vuelo la intención de Dorian.

Él no era de meterse en lo que no le importaba. Preguntar por la grava desde que llegaron y ahora indagar sobre su destino no era casualidad, a menos que tuviera un objetivo.

Con eso en mente, Amelia le siguió la corriente:

—¿Pero esa grava remojada todavía sirve?

—Claro que sirve —dijo la mujer con indiferencia—. Se vende más barata y ya. De todas formas a simple vista no se nota si se mojó o no.

—¿Por qué no le ponen una lona o algo? —preguntó Amelia fingiendo curiosidad—. O ponerla en un lugar más alto para que no se desperdicie tanto.

—Ay, quién tiene tiempo para eso —dijo la mujer restándole importancia—. Además, eso normalmente sale en dos o tres días. La obra pide mucho material, a veces ni nos damos abasto. Solo que ahorita hubo un problemita y se va a quedar ahí unos días, pero ya pasará.

—¿Qué problema? —preguntó Amelia—. Tener tanto material parado ahí debe ser mucho dinero detenido.

—Uy, sí, todo nuestro capital está en ese montón de piedras. Nos arriesgamos porque nos pedían mucho material fijo —la mujer empezó a soltar la lengua—. Quién iba a pensar que pasaría eso. No sé de dónde sacaron a unos arquitectos inútiles que diseñaron mal y se les cayó la casa. Retrasaron toda la obra y encima nosotros nos quedamos con el material atorado, a ver cuándo se recupera la inversión.

Amelia: «...»

El asunto del Pabellón de Ciencias ya no estaba en las noticias y Marta no sabía nada al respecto, pero le molestaba que esa mujer hablara de «su» casa y «su» inversión.

—Todavía no estoy divorciada, así que deja de decir «nuestro» —intervino Marta.

La mujer soltó una risita burlona.

—Pues díselo a tu marido, ¿a mí qué me alegas?

Dorian miró a ambas pero no dijo nada.

Llegaron a la posada. La recepción, que era la sala de una casa, tenía la luz encendida. La dueña estaba viendo una telenovela.

La mujer en pijama gritó desde afuera:

—¡Jimena! Te traigo clientes.

Después de darle el número, no pudo evitar presumir:

—Nuestra grava es buenísima y barata, mucho más que la del mercado. Mañana con la luz del día puede checarla usted mismo, se va a ahorrar mucho dinero.

—Hecho —dijo Dorian—. Mañana paso a verla.

—Perfecto, mañana me marca cuando venga.

La mujer se fue feliz tras cobrar su comisión con la dueña.

Amelia vio desde la ventana cómo Dorian pedía el teléfono de la mujer y se quedó pensativa.

Cuando Dorian entró a la habitación, Marta seguía allí. Amelia no quiso preguntar nada enfrente de ella. Por suerte, Marta aún no se había aseado y, al ver entrar a Dorian, se excusó para irse a su cuarto.

Amelia acompañó a Marta a la puerta. Al regresar, cerró con seguro y le preguntó a Dorian en voz baja:

—¿Sospechas que el negocio del marido de Marta tiene que ver con lo del Pabellón de Ciencias?

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