—Está bien.
En cuanto Frida respondió, tomó su celular y le hizo una videollamada a su tía Patricia.
—¿Qué pasa ahora?
La llamada se conectó y el rostro de Patricia, con un maquillaje impecable, apareció en la pantalla.
—¿Por qué estás tan desocupada estos dos días? ¿Cuántas veces me has marcado hoy?
—Es que te extraño —rio Frida. Al ver que Patricia estaba maquillada, bien arreglada y que el fondo parecía un restaurante, preguntó con curiosidad—: Tía, ¿tienes una cita?
—Sí —respondió Patricia vagamente—: ¿Qué necesitas?
—¿Con quién estás? —insistió Frida—. Normalmente te la pasas metida en la escuela y te da flojera hasta cortarte el pelo. ¿Cómo es que hoy tienes ganas de salir a cenar?
—Ve al grano —dijo Patricia, echando un vistazo rápido a la persona que tenía enfrente, fuera de cámara. Su expresión no cambió—. Estoy ocupada.
—Solo quería preguntarte cuándo tienes tiempo libre —Frida retomó el tema rápidamente—. Tengo un amigo que quiere conocerte.
—¿Para qué quiere verme? —Patricia no mostró interés—. No tengo tiempo.
—No te apresures a rechazarlo —suplicó Frida—. Tía, de verdad tengo un asunto muy importante que tratar contigo. No te quitaremos mucho tiempo, y este amigo es muy influyente. Cualquier problema que tengas en tu vida o trabajo, él puede ayudarte a...
—No lo necesito —interrumpió Patricia, rechazando la oferta sin pensarlo—. Si no hay nada más, voy a colgar.
—Patricia.
Dorian la llamó por su nombre y se acercó a la cámara. Inesperadamente, antes de que él pudiera decir algo más, la expresión de Patricia cambió ligeramente y sus ojos se desviaron, queriendo o sin querer, hacia la persona que tenía enfrente.
Dorian frunció el ceño levemente, mirándola pensativo. Antes de que pudiera hablar, Patricia ya estaba sonriendo:
—Señor Ferrer, lo siento, no es un buen momento para hablar.
Dicho esto, y sin esperar respuesta de Dorian, Patricia colgó la llamada.

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