Dorian levantó la vista hacia donde señalaba Fabio, pero no se veía ni luz ni gente por ese lado.
Fabio, temiendo que no le creyera, se apresuró a explicar:
—Es la verdad, no te estoy mintiendo.
Dorian le echó una mirada y cambió el agarre para sujetarlo del cuello de la camisa:
—Vente conmigo.
Fabio quiso resistirse, pero su estatura y habilidad eran nulas comparadas con las de Dorian. Apenas hizo el intento, una mirada gélida de Dorian lo paralizó. Su intento de quitarse la mano ajena se convirtió torpemente en un gesto para aflojarse el cuello de la camisa que lo ahorcaba, mientras explicaba con timidez:
—Es que siento que me ahogo...
Al ver que Dorian lo ignoraba, no pudo evitar tratar de sacar plática:
—Oye, Dorian... ¿cómo nos encontraste? Este lugar está en medio de la nada, nadie lo ubica.
Dorian no lo miró, pero respondió:
—¿Tú organizaste el contrabando de Otto y Fabiana?
—No, no, ¿cómo crees? Yo no tengo esos conectes —se defendió Fabio rápidamente—. Yo nomás soy el chofer, quería ganarme una lana extra, ya ves que ando corto de dinero...

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian)