Entrar Via

Mi Hija Llama Mamá a Otra romance Capítulo 97

Zaira llevó a Daya al parque para disfrutar del sol. Desde lejos, alcanzaron a ver a la profesora Verónica agitándoles la mano.

—¡Mamá, ahí está la señora Verónica! —exclamó Daya, y sin pensarlo dos veces, echó a correr con sus piernitas cortas hacia la maestra.

Zaira la siguió de cerca, advirtiéndole con cariño.

—Cuidado, no te vayas a caer, Daya.

Verónica se levantó justo a tiempo y atrapó a la niña cuando se lanzó a sus brazos. La abrazó con alegría, le plantó un beso en la mejilla y, como si lo hubiera tenido planeado, sacó de su bolsa unos dulces que había preparado.

—¡Guau, gracias, señora Verónica! —dijo Daya, recibiendo el regalo con una sonrisa que iluminaba su carita. Miró a su madre pidiendo permiso y, al recibir un gesto de aprobación, se sentó a un lado a disfrutar de la botana.

Zaira se acomodó en la banca junto a ellas.

—Profesora Verónica, ¡qué coincidencia volver a encontrarla aquí!

Verónica miró a su hija. La tenía tan cerca y, sin embargo, no podía decirle la verdad ni abrazarla como una madre. Una punzada de dolor le recorrió el pecho. Por unos segundos, luchó con el nudo en la garganta.

—Sí, la verdad es que me gusta pasear por este parque. Se respira tranquilidad y, además, puedo saludar a Daya.

Daya, al escuchar su nombre, volteó y le regaló una sonrisa dulce y tímida.

Pero Zaira no pudo evitar sentirse intrigada. En los últimos días, casi siempre se encontraba a la profesora Verónica en ese mismo lugar. Y no solo eso, también notaba que la actitud de la maestra había cambiado mucho respecto a antes; ahora era mucho más cercana.

¿Será que en verdad le cae tan bien Daya?, pensó Zaira.

Pero no le dio demasiada importancia. Si gracias a Daya podía lograr que la profesora Verónica le tuviera más simpatía, tal vez eso le ayudaría a sumar puntos en la entrevista del examen de ingreso al doctorado.

Lo que Zaira no sabía era que, mientras platicaba de manera casual sobre el proceso de la entrevista, Verónica ya había tomado una decisión en su interior. Ella sentía que le debía mucho a su hija. Y ahora, cualquier cosa que su hija deseara, sin importar el precio, ella estaba dispuesta a hacerla realidad.

En esos días, Verónica había investigado sobre la vida pasada de Zaira y, al enterarse de cómo la familia Muñoz la había tratado tan mal, sintió que el corazón se le rompía en pedazos. Aunque la gente no decía nada, Verónica sabía que el divorcio de su hija había ocurrido porque nunca tuvo una familia que la respaldara. Y todo eso era culpa suya. Había arruinado la vida de Zaira por completo.

Ahora, la vida le daba otra oportunidad: reencontrarse con su hija y, para colmo, que Zaira quisiera ser su estudiante de doctorado. Verónica estaba convencida de que esa era la forma en que el destino le daba la oportunidad de compensar todos sus errores.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Hija Llama Mamá a Otra