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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 118

Felicia todavía se sentía victoriosa por la retirada de Nerea, cuando vio que Liam también se iba.

Para cuando se dio la vuelta para intentar detenerlo, Liam ya estaba lejos, alcanzando a Nerea.

Viendo las espaldas de los dos alejándose, Felicia pataleó de coraje.

—¡Nerea, maldita perra, cualquiera! ¡Sinvergüenza!

Los demás comensales voltearon a verla.

Felicia les devolvió una mirada furiosa.

—¿Qué miran? ¿Nunca han visto a una mujer guapa?

Afuera del restaurante, Nerea y Liam esperaban el elevador uno al lado del otro.

Nerea preguntó con curiosidad:

—¿No vas a cenar con Felicia? Estaba llorando.

Liam miraba hacia las puertas del elevador.

—Hoy te invité a ti, no a ella.

Antes de terminar la frase, miró a Nerea.

—No te llenaste, ¿verdad? Sé de unos tacos de carne asada en Plaza Zenith que están buenos. ¿Vamos?

Justo en ese momento llegó el elevador. Las puertas se abrieron.

Nerea y Liam se encontraron cara a cara con Isabel y Cristian, que estaban adentro.

Cristian la miró con la misma frialdad de siempre. Solo mostró una pizca de sorpresa al ver a Liam, pero desapareció al instante.

Isabel miraba a Nerea y luego a Liam con curiosidad, como insinuando que había algo turbio entre ellos.

Cuando los que tenían algo turbio eran ella y Cristian.

Nerea entró al elevador con indiferencia. Lo que no esperaba era que Liam entrara tras ella.

Estando ahí Cristian, lo lógico era que se quedara a saludar, pero Liam entró sin decir palabra.

En el estacionamiento, Liam detuvo a Nerea.

—No te preocupes, yo le explicaré a Cris.

Nerea soltó una risa despreocupada.

—No hace falta.

Suponía que a Cristian le importaba un bledo con quién estuviera ella.

Y si le importaba, sería por su amigo, preocupado de que ella lo estuviera utilizando o engañando.

Pero Liam dijo:

—Pero estás en pleno proceso de divorcio, es una etapa sensible. La sociedad es muy dura con las mujeres.

Nerea volteó a verlo. Liam tenía una expresión sincera.

—Así es, el mero jefe. Bienvenido a inspeccionar el negocio. —Gabriel entró con los platos.

—Coman con confianza, todo es fresco de hoy. Si necesitan algo, me gritan. —Gabriel saludó a Nerea y salió de nuevo.

***

Mientras tanto, en la terraza afuera del restaurante giratorio de la Torre Zenith.

Felicia lloraba recargada en el hombro de Isabel.

—Cuñada, Nerea lo hizo a propósito. Sabe que me gusta Liam y por eso se le insinúa, para vengarse de mí.

»Menos mal que me avisaste y los vi, si no, ni cuenta me doy. Buaaa, ¡maldita Nerea!

Isabel la consolaba con voz suave:

—Ya no llores, se te va a correr el maquillaje. En realidad, solo los vi juntos y se me hizo raro, lo comenté sin pensar. Quién iba a decir que había tanto detrás.

—¡Cuñada, si los vuelves a ver juntos, tienes que avisarme!

Isabel ocultó un brillo de triunfo en sus ojos y prometió sonriendo:

—Claro, te avisaré. Ya no llores, vámonos, tu hermano nos espera.

Isabel actuaba con total dulzura, y Felicia se sentía muy apoyada.

—Cuñada, eres un amor. Qué suerte tiene mi hermano de haberte encontrado.

—Entremos. Voy a decirle a mi hermano que le advierta a Liam. ¡Tiene que tener cuidado con Nerea!

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