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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 606

Dicho esto, Leonardo añadió:

—Si el señor Vega realmente no puede elegir, ¿por qué no compra todos? ¿No es el señor Vega conocido por nadar en dinero y resolverlo todo con la cartera?

Cristian, quien solía ser cauteloso frente a Nerea, mostraba una cara muy distinta ante los demás. Mantuvo la calma y soltó una risa fría:

—¿Son celos lo que escucho, Rojas? Al fin y al cabo, no cualquiera puede ser el hombre más rico de Latinoamérica. Claramente, tú no lo eres.

—Al señor Vega hoy en día solo le queda el dinero para presumir. Más te vale rezar para no irte a la quiebra, o no valdrás ni un centavo.

—Agradezco la advertencia, Rojas, pero descuida. Grupo Vega ya tiene presencia global. Mi próxima meta es ser el más rico del mundo.

Nerea, escuchando el intercambio de insultos entre los dos hombres, negó con la cabeza resignada y se fue a otro lado a elegir los regalos. Ambos parecieron activar el modo de «seguimiento automático»: a donde iba Nerea, iban ellos.

—¿Pueden callarse un rato? —Nerea, harta, los fulminó con la mirada.

Al unísono, ambos le mostraron un regalo y preguntaron cuál era más bonito. Nerea ni siquiera miró el que sostenía Cristian; señaló el pequeño muñeco en la mano de Leonardo.

—Ese está bonito.

Leonardo sonrió de oreja a oreja y le dio un toquecito al muñeco.

—Entonces este se viene con nosotros.

Cristian se puso pálido.

—Nere, al menos mira el mío.

Nerea le dio la espalda.

—¿Por qué habría de verlo? Cristian, no somos amigos. ¿Todavía no lo entiendes? ¿O te haces el tonto porque no quieres enfrentar la realidad?

Nerea, con el regalo ya elegido en mano, se giró para mirarlo.

—Deja de engañarte. Hagas lo que hagas, no volveremos al pasado y en el futuro no seremos amigos. ¿No es mejor que cada quien siga su camino? Si nos vemos, nos saludamos cortésmente y mantenemos la dignidad. Esa es la mayor tolerancia que puedo ofrecerte.

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