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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 134

Cenar allí no era solo un placer para el paladar, sino también para la vista y para el alma.

Era precioso.

Liam le preguntó a Martina:

—La señorita Galarza no ha salido en todo el día, ¿sigue sintiéndose mal?

Martina comía sashimi a dos carrillos y respondió con la boca llena:

—Yo la veo bien, ha estado leyendo artículos de investigación en la computadora. Nunca había visto a alguien tan guapa y trabajadora. ¡Quiero ser como ella!

Felicia no soportaba que Liam se preocupara por Nerea, aunque fuera por cortesía de anfitrión. Para ella, Nerea era una invitada non grata.

Soltó un resoplido y dijo con sarcasmo:

—Venir de viaje para hacerse la estudiosa y la intelectual... qué flojera.

—Felicia tiene razón —dijo Fabián, balanceando su copa de vino con aire despreocupado—. Se viene a disfrutar, a divertirse y a relajar la mente.

Martina los miró sin entender.

—Nere está leyendo sus cosas y ustedes jugando a las suyas, no les molesta para nada.

Fabián chasqueó la lengua.

—Lo digo por ti, para que no te vuelvas una aburrida como ella.

—Pues voy a aprender, y también voy a aprender a jugar cartas para ganarte todo tu dinero, jajaja...

El tema cambió pronto, pero Isabel ya no estaba tan tranquila. Las palabras de Martina se le habían clavado como una espina. Dijo que Nerea leía artículos científicos. Como alguien con estudios en el extranjero, Isabel sabía la importancia de mantenerse actualizada para no quedarse atrás.

Se sintió presionada por Nerea y de repente le entraron ganas de revisar las últimas publicaciones de su campo.

El grupo siguió divirtiéndose hasta la madrugada, del puente a los camarotes.

Nerea, arrullada por el sonido de las olas, se sumergía en sus lecturas y se sentía en paz. La concentración había aplacado los últimos rastros de la droga.

Felicia, en cambio, fue sujetada por Cristian y subida a salvo.

—¡Nere! —Martina lloraba desesperada. Su hermano seguía en el barco asegurándose de que todos bajaran.

—¡Que alguien ayude a Nere!

Fabián la abrazaba fuerte para que no saltara.

—El agua es poco profunda aquí y lleva chaleco, estará bien. No llores.

—¡Viene la tormenta! ¡Muévanse! —gritaban los de atrás, queriendo llegar a tierra firme.

—Adelántense —dijo Cristian, quitándose el chaleco salvavidas, dispuesto a saltar por Nerea.

Isabel frunció el ceño. No quería que Cristian la salvara, pero no podía decirlo. Si Nerea moría, Cristian podría volver a casarse sin necesidad de divorcio. Y ella entraría en la familia Vega.

Una idea malvada cruzó por la mente de Isabel...

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