Una idea malvada cruzó por la mente de Isabel.
Fingió resbalar y gritó. Cuando Cristian estiró la mano, ella ya había caído al agua.
—¡Isa! —Cristian tiró el chaleco y saltó tras ella.
Martina, que ya sabía de la relación entre los tres, entendió que Cristian salvaría primero a Isabel. ¿Y Nere? ¿Quién la salvaría?
Martina miró a Fabián.
—Fabián, baja a ayudar a Nere, por favor.
Fabián se negó rotundamente.
—No. Mi misión es llevarte a tierra sana y salva.
—¡Te lo ruego!
—No sirve de nada rogar. Si te pasa algo, ¿qué le digo a tu hermano?
Martina rompió a llorar desconsolada. Sacó su celular para llamar a Liam, pero nadie contestaba.
—Buuaaa, Nere...
Fabián la cargó hacia la orilla.
—Vamos rápido, ahí está la guardia costera, ellos la sacarán.
Nerea no sabía nadar. A pesar del chaleco, tragó agua salada varias veces. Aunque estaba cerca de la orilla, el oleaje del temporal la empujaba, alejándola poco a poco.
Entre las olas, Nerea vio a Cristian.
Cristian también la vio.
Estaban tan cerca.
Pero Cristian nadó hacia Isabel.
Nerea sonrió con amargura. ¿Qué esperaba? Cristian había saltado por Isabel. ¿Acaso ella era importante? ¿Merecía que Cristian se arriesgara? No, ella no era nada.
La lluvia caía con fuerza, golpeándole la cara. Dolía. Otra ola la golpeó y el agua fría la cubrió.
Isabel tragó agua a propósito hasta desmayarse. Cristian la sacó a la orilla angustiado y comenzó a hacerle reanimación cardiopulmonar.
Martina corrió hacia ellos.
—Cris, ¿y Nere?
Cristian se detuvo un instante, como si acabara de recordar que Nerea seguía en el agua. Recordó la mirada tranquila de Nerea y se relajó; seguramente sabría nadar y estaría bien.
Felicia, que odiaba a Nerea, pensaba igual que Isabel: mejor si desaparecía. Por eso, aprovechando la confusión, había tirado de Nerea con fuerza.

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