Isa era muy generosa; cada vez que se veían, le llevaba muchos dulces diferentes.
No como su mamá, que solo le dejaba comerse una paleta. Qué tacaña.
«Hmph, por no venir a recogerme y no dejarme comer dulces, ahora me los voy a comer todos. No creo eso de que salen bichos en los dientes, eso es para asustar a los niños chiquitos. Mamá es mala».
Ulises se comió una paleta tras otra, feliz de la vida, y se fue a la empresa tomado de la mano de Isabel.
Esa misma noche, Ulises terminó en urgencias dentales con un dolor de muelas insoportable.
El odontólogo pediatra revisaba los dientes mientras regañaba a Cristian:
—Los dientes de su hijo ya estaban dañados, ¿y todavía le da tantos dulces? ¿Qué clase de padre es usted?
Ulises defendió a su papá:
—Fue Isa quien me los dio, mi papá no sabía. Señor doctor, no regañe a mi papá.
Isabel rozó los dedos de Cristian, llena de culpa.
—Perdóname, Cris, no sabía que Ulises tenía mal los dientes. No debí darle tantos dulces.
Cristian le apretó la mano para consolarla.
—No pasa nada, no es tu culpa, no sabías. Fue él por glotón.
El médico no se aguantó y dijo sin rodeos:
—Aunque tuviera los dientes sanos, un niño no debe ingerir tanta azúcar. No solo son las caries, es el riesgo de obesidad, el metabolismo, la nutrición... Es sentido común. Además, los niños no tienen autocontrol, depende de los adultos supervisar. Con poner un poco de atención basta.
El médico fue muy directo, casi diciéndole a Isabel que no tenía sentido común y que no le importaba el niño. Isabel se sintió ofendida por ese doctor bocón.
Pero mantuvo su papel a la perfección. Su expresión de culpa se profundizó y adoptó una postura humilde.
—Gracias, doctor, fue mi error. Tendré cuidado la próxima vez. Por favor, revise bien a Ulises.
Al ver su actitud, el médico no dijo más; ya había cumplido con su deber.
Como Ulises comió tantos dulces y la comida del comedor de Grupo Vega no le gustó, casi no cenó. Al regresar del hospital, ya tenía hambre otra vez.
Quería la comida de su mamá. Pero al llegar a casa, lo recibió la oscuridad y el frío. Mamá no estaba.
Ulises sintió un vacío.

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