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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 577

Felipe no esperaba aquel espectáculo; estaba a punto de infartarse del coraje con su madre. ¿Qué dama de la alta sociedad, con un mínimo de educación, arrebata y rompe una invitación en público? Y peor aún, tratándose de su propia nieta. ¿Acaso su madre quería sabotear el ascenso de la familia Encinas? Pero no era momento de pensar en eso; tuvo que forzar una sonrisa y limpiar el desastre.

—Nere, hoy te han hecho pasar un mal rato —dijo Felipe—. Yo mismo te daré una explicación esta noche, ¿te parece bien? Hoy es el cumpleaños de la señora Cabrera y no podemos arruinarle la fiesta con nuestros problemas familiares.

Nerea ya había desahogado su frustración. La reputación de Doña Matilde estaba por los suelos y sería el chisme de la semana entre las señoras de sociedad. Ahora que Felipe le ofrecía una salida digna, ella la aceptó; después de todo, no quería ser grosera con los anfitriones.

—Está bien, tío Felipe. Confío en ti —respondió Nerea asintiendo.

Don Gael intervino oportunamente: —Mija, si ya no estás a gusto en casa de los Encinas, vente a vivir a mi casa. Las puertas están abiertas para ti.

Doña Salomé protestó: —¿A tu casa para qué? Tú eres un viejo aburrido. Nere, obviamente, se vendrá a vivir con los Rojas. No olviden que mi nieto Leonardo es su novio. Es lo más apropiado.

—Nere, si quieres, vente a mi casa. Sabes que tu habitación siempre está lista —añadió la señora Zamora, sumándose a la oferta.

La abuela Cabrera tuvo la última palabra: —Doctora Galarza, usted salvó a mi nieto Nicolás. Es la benefactora de los Cabrera. Si no le parece poca cosa, puede venir a vivir con nosotros.

La abuela Cabrera estaba apoyando descaradamente a su nieto para que conquistara a la chica. Aunque Alejandra le había comentado que Nerea era divorciada y con un hijo, al verla en persona, cualquier duda se disipó. Era una buena mujer, guapa, educada y talentosa. Cuanto más la miraba, más le gustaba. Lástima que el chico de los Rojas se hubiera adelantado, pero Nicolás podía hacer el intento. Al fin y al cabo, Nerea y Leonardo no estaban casados.

Las familias Rojas, Zamora y Cabrera dejaron claro su apoyo. Querían que los Encinas supieran que a Nerea le sobraban lugares donde vivir y gente que la valorara, a diferencia de su propia familia ciega.

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