—¡Es mi culpa! —Jaime se dio una cachetada a sí mismo.
—¡Jaime! —Nerea le sujetó la mano antes de que pudiera golpearse de nuevo.
—Es mi culpa por ser un inútil y tener que depender de mi hermana. —Con la otra mano, Jaime apretó con fuerza la tarjeta bancaria en su bolsillo, jurándose una vez más que haría crecer su empresa rápidamente para convertirse en el respaldo de Nerea.
«¡Nadie volverá a intimidar a mi hermana en el futuro!».
—No es culpa de nadie más que mía. Yo fui la ciega, la que dejó entrar al lobo a la casa, perjudicando a Estefanía y ahora a Nere. Es mi culpa, todo es mi culpa.
Doña Belén se consumía en la culpa y el dolor. Parecía haber envejecido diez años en un instante; con el cuerpo encorvado y el rostro lleno de tristeza, se retorcía las manos con angustia.
—Abuela, no es tu culpa —Nerea abrazó con fuerza a la anciana—. No te castigues por los errores de otros. Además, tranquila, tu nieta ya empezó a trabajar. Sabes de lo que soy capaz; no pasará mucho tiempo antes de que me ponga de pie. Y tu nieto tiene un gran talento para los videojuegos, su empresa será un éxito. Cuando eso pase, no tendremos que temerle a Cristian. Nos encargaremos de esa amante y su familia como se merecen. Esta vez nos aseguraremos de que no se atrevan a meterse con nosotros nunca más.
Al oír esto, Estefanía se incorporó de los brazos de Álvaro y la miró.
—¿Ya empezaste a trabajar?
Nerea asintió.
—Sí, entré al instituto de investigación de OmniGen.
Nerea les explicó detalladamente sus planes de divorcio y su carrera profesional para tranquilizarlos. Jaime no quiso quedarse atrás y explicó con detalle el plan de desarrollo de su empresa de videojuegos, así como su idea más reciente: desarrollar juegos holográficos.
Nerea lo apoyó con entusiasmo y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Si te falta dinero, dime.
Estefanía se secó las lágrimas y sonrió.
—Ustedes sigan adelante, mamá los apoya.
Álvaro abrazó con fuerza a Estefanía.
—Y papá también.
Nerea no se quedó mucho tiempo en casa; almorzó y regresó al departamento de Emilia. Antes de irse, advirtió a su familia, especialmente a Jaime, que no provocaran a Isabel. Si la veían, debían fingir que no la conocían, para evitar que Isabel, desesperada, incitara a Cristian a atacar.
Al regresar, Nerea se encerró en el estudio. Emilia incluso tuvo que llevarle la cena hasta allá.
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