—Además, debemos respetar la vida. Mamá no quiere que el odio te vuelva indiferente ante la vida de los demás. Podemos ocuparnos de Isabel de otras formas. No quiero que te ensucies las manos. Quiero que mi niño crezca bajo el sol, tranquilo y feliz.
Ulises asintió con fuerza.
—Lo recordaré, mamá. No te decepcionaré.
***
La policía investigó rápidamente la identidad del agresor. Era un pequeño empresario que había quebrado.
Su empresa había sido llevada a la ruina por los Echeverría, que se escudaban en el nombre del Grupo Vega, dejándolo con una deuda de decenas de millones. La esposa del empresario, acosada por los cobradores, se había suicidado saltando de un edificio. El hombre, devastado y sin ganas de vivir, buscó a Cristian para vengarse.
Al enterarse, Cristian llamó a Yago. Le ordenó que dejara de lado el asunto de Isabel y se enfocara primero en investigar cuántas cosas había hecho la familia Echeverría usando el nombre del Grupo Vega.
El asunto de Isabel quedó totalmente en manos del abogado.
En la habitación del hospital.
El licenciado Jiménez, con actitud profesional y cortés, dijo:
—Señorita Echeverría, debido a que el menor aún no domina bien el uso de su prótesis, la lesionó de manera accidental. El señor Vega lo lamenta mucho. Él se hará cargo de todos sus gastos médicos, la pérdida de ingresos, gastos de nutrición y daños morales. Además, le ofrece una compensación de un millón de pesos, con la esperanza de que firme el acuerdo de perdón.
El licenciado Jiménez le entregó el documento a Isabel.
Isabel le echó un vistazo.
—No tengo problema en firmar el perdón, pero quiero ver a Cris. En cuanto lo vea, firmaré inmediatamente y no pediré ninguna compensación económica.
—Lo siento, el señor Vega está muy ocupado y no tiene tiempo. Me ha delegado toda la autoridad para manejar este asunto.
Isabel lo miró con sinceridad.
—Licenciado Jiménez, por favor dígale a Cris que no voy a seguir molestándolo. Solo tengo unas palabras muy importantes que decirle, realmente importantes, y necesito decírselas en persona. Por favor, transmítale esto a Cris. De lo contrario, no firmaré el perdón.
—Señorita Echeverría, piénselo bien. Dejaré el documento aquí. Cuando lo haya decidido, puede contactarme en cualquier momento. Me retiro para no interrumpir su descanso.
El licenciado Jiménez salió de la habitación.
Al salir del hospital, llamó a Cristian, le informó sobre el progreso y le transmitió el mensaje de Isabel.
—Entendido.
***
Después de que el abogado se fue, Lucía entró en la habitación. Al ver el documento de perdón, lo rompió en pedazos y lo tiró a la basura.
—Isa, tienes que aferrarte a esta oportunidad, no puedes perdonar tan fácil a ese escuincle malvado.
Isabel sabía perfectamente que era una oportunidad, quizás la única que le quedaba. Por eso no había aceptado la oferta del licenciado Jiménez.
—Mientras Cristian esté dispuesto a venir a verte, tienes una oportunidad. No te rindas, Isa.
—Sí, lo sé.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio