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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 350

Fue entonces cuando Isabel se enteró de todas las estupideces que Lorenzo había hecho a sus espaldas.

—¡¿Estás loco o ya te dio demencia senil?!

Isabel estaba fuera de sí; estrelló el vaso de agua que tenía en la mano contra el suelo con un estruendo.

—¿Te atreviste a falsificar proyectos? ¿Y usando el nombre del Grupo Vega? ¿Ahora sí me buscas? ¿De qué sirve buscarme ahora?

Isabel estaba con el agua al cuello, apenas podía salvarse a sí misma. Originalmente pensaba que, si el banco no le daba una prórroga, usaría al Grupo Echeverría como aval para un préstamo. Pero jamás imaginó que pasaría algo así.

Isabel sintió que le iba a dar un infarto del coraje.

Al ver la furia de Isabel, Lorenzo trató de justificarse con culpa:

—Isa, no te enojes. Estaba desesperado por hacer crecer la empresa, para darte respaldo, para que quedaras bien. Lo hice por tu bien.

—Jajaja —Isabel soltó una carcajada como si hubiera enloquecido.

Lorenzo y Lucía se asustaron al verla así.

—Isa —llamó Lucía preocupada.

De repente, Isabel dejó de reír y, con el rostro desencajado, gritó:

—¿Por mi bien? Si fuera por mi bien, ¿me habrían ocultado la verdad? Tuve que enterarme por las noticias de que mi papá era un patán y mi mamá una amante. Ahora yo también soy la amante, ¡una familia de amantes! ¿Están muy contentos? ¿Muy orgullosos?

—No es así, Isa —explicó Lucía pálida—, no escuches lo que dicen en internet.

—¿Todavía me quieren ver la cara? ¿También van a decir que la redada por prostitución fue invento?

—Isa, tu papá y yo nos amamos de verdad. Tu papá y yo nos quisimos, Isa. Lo demás es gente opinando desde afuera.

—Mamá, ¿vas a seguir mintiéndome? Si no fuera porque ustedes me dijeron que la familia Galarza eran enemigos de los Echeverría, ¿cómo se me habría ocurrido insinuarle a Esmeralda que drogara a Cris? Nerea no se habría embarazado de él, no se habría casado con él. ¡Y yo no me habría convertido en la amante! Todo el mundo me escupe. Y pensar que en ese momento me sentía orgullosa, creyendo que era muy lista vengando a mi familia.

¡Bam!

Isabel no había terminado de hablar cuando la puerta de la habitación se abrió de una patada.

Cristian estaba parado afuera con el rostro oscurecido por la ira.

—C... Cris. —Isabel se puso lívida del susto, le temblaban las pupilas y movió los labios varias veces—. Déjame explicarte.

Cristian apretó la mandíbula, tensando los músculos del rostro, y su voz sonó más fría que el hielo:

—Explica.

—Yo... yo también fui engañada por ellos. —Isabel señaló a Lorenzo y a Lucía con mano temblorosa—. Ellos me dijeron que la familia Galarza era enemiga de los Echeverría, que no podía dejar que la hija de los Galarza fuera feliz. No fue mi intención, Cris, yo también soy una víctima.

En la mirada gélida de Cristian apareció un destello de burla.

—¿Una víctima, tú?

Su expresión decía claramente: «¿Tú qué vas a ser víctima?».

—Cris, Cris, créeme, de verdad no fue a propósito. —Isabel intentó bajarse de la cama a toda prisa y se cayó. Quedó sentada en el suelo; la aguja del suero se le arrancó, causándole dolor, pero no le importó y miró a Cristian con lástima—: Cris, sé que me equivoqué, perdóname, no fue mi intención.

Cristian se recargó en la pared junto a la puerta, sacó una cajetilla, se puso un cigarro en la boca y lo encendió. Inhaló profundamente y soltó el humo.

Había venido hoy por el documento de perdón para Ulises y también por esas «palabras muy importantes» de Isabel. Ahora veía que, en efecto, eran importantes.

Cristian esbozó una sonrisa burlona y amarga.

Odió durante tantos años, y resultó que la persona que llevaba en el corazón era la verdadera culpable. Era ridículo, patético. Simplemente un gran imbécil.

Cristian se burlaba de sí mismo internamente, preguntándose cuál sería esa «otra cosa» de la que hablaba Isabel. ¿Qué más le había ocultado? ¿Aquel aborto? ¿Fue a propósito? ¿El secuestro de Ulises? ¿Ella ayudó desde las sombras? ¿O cuando Nerea recibió el disparo? ¿También fue obra suya?

Y lo que Nerea había dicho alguna vez, que Isabel había tenido un aborto... ¿El hijo que ella decía que era de ellos dos... en realidad no era suyo?

Cristian tenía la mente hecha un lío, se sentía aturdido. De pronto sintió que todo era posible.

Terminó un cigarro y encendió otro.

El olor a tabaco se mezcló con el tenue aroma del incienso, rodeando su nariz.

Cristian sintió que el mareo aumentaba, su respiración se aceleró, se le secó la boca y sintió un calor extraño en el cuerpo.

Levantó la mano para aflojarse la corbata, pero se detuvo en seco. Algo no estaba bien.

Se levantó, tratando de enderezarse, pero su cuerpo se tambaleó, sin fuerzas.

Con un golpe seco, Cristian cayó al suelo...

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