—¡Zas!
Se escuchó un sonido seco y contundente.
Kevin y el guardaespaldas voltearon al mismo tiempo: Nerea le había cruzado la cara a Isabel de una cachetada.
El guardaespaldas empujó a Kevin y estiró la mano hacia Nerea para detenerla.
Liam se movió rápido, interceptando el brazo del hombre con firmeza.
—No la toques.
Como heredero de una familia poderosa, había aprendido defensa personal desde niño. Aunque Liam solía tener una apariencia elegante y refinada, su fuerza y habilidad no eran poca cosa. Miró al guardaespaldas con una intensidad que helaba la sangre, imponiendo su autoridad.
—¡Zas!
Justo en ese momento, Nerea le soltó otro revés a Isabel.
Su mirada era cortante como un cuchillo y su voz, gélida.
—Isabel, si tantas ganas tienes de jugar, te voy a dar gusto.
***
Salieron de la delegación sin mayores problemas.
Isabel, con la mejilla roja e hinchada, miraba a Nerea con puro veneno.
—Nerea, espérate. Esto no se va a quedar así.
—¿Te quedaste con ganas de más golpes? —preguntó Nerea con tono indiferente, aunque la atmósfera a su alrededor era tensa y fría.
—Esta vez me toca a mí —dijo Kevin, con una expresión sombría y cruel, tronándose los dedos con despreocupación.
Luego, giró la cabeza hacia Liam y añadió:
—La próxima te toca a ti. Nos turnamos.
Liam asintió con naturalidad.
—Me parece bien.
—¡Esto es una estación de policía! —chilló Isabel, llena de rabia y envidia.
«¡¿Por qué?!», pensó. Nerea era una mujer divorciada, ¿por qué tenía a tantos hombres peleándose por protegerla? ¿Por qué ella no tenía eso? ¡¿Por qué?!
—¡Isa! —se escuchó la voz de Pedro. Había recibido la noticia y llegó en su silla de ruedas.
Aun en silla de ruedas, Pedro llegó hecho una furia, como si el mundo se le fuera a caer.
Al escuchar a Pedro, Isabel cambió de máscara en un segundo. Bajó la cabeza, adoptando una postura frágil y desvalida, como una florecita a merced del viento.
—¿De verdad eres tú? ¿Regresaste? —Pedro casi lloraba de alegría.
Kevin puso cara de incredulidad total.
—¿Este tipo está mal de la cabeza? ¿Se muere de amor por una mujer así?
Liam comentó con calma:
—Tal para cual. Dios los hace y ellos se juntan.
Nerea fue más directa:

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