—Es para hacerte una limpia, quitar las malas vibras y la mala suerte, para que la tía tenga salud, paz y alegría.
Tras barrer la mala suerte, entraron todos juntos.
Martina y Jaime los esperaban en la entrada con tubos de confeti.
¡Pum, pum!
Las cintas de colores cayeron sobre ellas. Rocío se cubrió la boca, encantada.
Liam, como todo un caballero, le acercó unas pantuflas.
—Gracias, Liam —dijo ella, sintiéndose halagada.
Una vez que Rocío se puso las pantuflas afelpadas que Emilia había preparado, Samuel le entregó un ramo de flores.
—Bienvenida a casa.
Rocío sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. A pesar del frío invierno y de la reciente pérdida de su madre, sentía una calidez inmensa en el corazón.
—Gracias, Samuel.
Kevin se acercó con una botella de vino tinto.
—Vengan rápido a comer.
—Esperen, primero la foto —Martina corrió, sacó su celular y comenzó a tomar fotos a la olla de caldo y los ingredientes en la mesa, para luego pedirles a todos que posaran para una foto grupal.
Nerea había ido temprano al mercado para comprar pollo de rancho, huesos, pescado y varios mariscos para preparar un caldo sustancioso. El fondo, que había estado hirviendo toda la mañana, era blanco, espeso y aromático.
La carne para la parrillada y el caldo estaba deliciosa.
Kevin, mientras platicaba con Jaime, colocó un trozo de carne recién cocida en el plato de Nerea. Justo en ese momento, se dio cuenta de algo y giró la cabeza: los cubiertos de Liam habían chocado con los suyos en el mismo intento.
Kevin arqueó una ceja y soltó una risita siniestra.
—Señor Santillán, esta es mi Nerea.
Liam mostró una sonrisa educada y refinada.
—Como el señor Rojas no aparecía por ningún lado, pensé que Nere y el señor Rojas habían terminado.
Kevin, con un gesto infantil, apartó la carne que Liam intentaba servir.
—Aunque termináramos, no te tocaría turno. Fórmate, yo estoy delante de ti.
Nerea suspiró, resignada.
—Por favor, no hemos terminado. Mi novio solo está fuera por trabajo.
—Mi hermano, mi hermano. Mi hermano es maduro, generoso, de carácter estable, caballero y elegante. Además, nunca se ha casado.
Martina miró a Nerea con ilusión.
—Nere, cómete la carne que te sirvió mi hermano, ¿sí? Me encantaría que fueras mi cuñada. Mi hermano ha estado enamorado de ti en secreto durante años; todavía tiene una foto tuya de la secundaria guardada en un libro.
Esa era la razón por la que Martina, cuando vio a Nerea por primera vez, le había caído tan bien sin motivo aparente. Había visto su foto en las cosas de Liam. Sabía que Nerea era el amor platónico que su hermano nunca pudo alcanzar.
Nerea no pudo ocultar su sorpresa y miró de reojo a Liam.
Las orejas de Liam se pusieron rojas. Sus ojos profundos estaban llenos de un cariño gentil.
—Una vez te vi escondiéndote detrás de una maceta, asomando la cabeza. Te veías muy linda.
Kevin se reclinó en su silla, con el brazo apoyado posesivamente en el respaldo de la silla de Nerea, en una postura de protección absoluta.
—Si tanto te gustaba mi Nerea, ¿por qué te quedaste mirando mientras esa familia de patanes la intimidaba? ¿Por qué no saliste a defenderla? ¿Por qué te juntabas con la amante del desgraciado de su esposo?
Al decir esto, Kevin inclinó la cabeza y miró a Liam con una sonrisa, pero sus ojos eran fríos y oscuros.
—Tengo mucha curiosidad. Si amas a alguien de verdad, ¿no deberías ser incapaz de verla sufrir ni un poco? Así que, por favor, ilumínenos, señor Santillán.
El ambiente se volvió instantáneamente incómodo.

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