Esta investigación farmacológica era un logro de todo el laboratorio, un honor para la empresa.
El artículo se firmaría bajo el nombre del Laboratorio Navarro Pharma.
Para garantizar la seguridad y privacidad de todos, los nombres de los investigadores que aparecieran en el documento serían seudónimos.
No habría firmas específicas, así que no había necesidad de pelear por los derechos de autor.
Escribir un artículo científico te deja hecho polvo.
Nadie quería encargarse de semejante tarea.
Nerea también quería librarse, pero todo el personal del laboratorio votó por unanimidad, incluso Rodrigo votó por ella.
Su objeción fue inválida.
Nerea se quejó con ganas de llorar:
—Rodrigo, ¿eres mi colega o no? Hasta tú votaste por mí. No tienes corazón, no te compadeces de mí en absoluto.
Rodrigo soltó su carta de triunfo:
—Cuando cambiaste en secreto la primera versión del antídoto por nutrientes, ¿pensaste en que soy tu compañero? Me lo ocultaste. Si te hubiera pasado algo, ¿pensaste en que pasaría el resto de mi vida culpándome? Nerea, tú eres la que no tiene corazón, no te compadeces de mí.
Nerea se puso dócil de inmediato.
—Está bien, ya entendí. Escribiré bien el artículo, no te preocupes.
***
Nerea fue a la escuela a recoger a Ulises, pero no esperaba que Cristian también hubiera ido.
Al final, Ulises tuvo que subir al coche de Cristian, volteando a verla cada dos pasos.
Cristian miró a Ulises pensativo.
—¿Te gusta esa compañera?
Cristian no reconocía el coche de Nerea, pero Ulises sí, y lo vio de inmediato.
Ulises negó con la cabeza.
—No. Papá, ¿cómo es que tuviste tiempo de venir por mí hoy?
Cristian le acarició la cabeza.
—Otros compañeros tienen a sus papás y mamás recogiéndolos, temía que te diera envidia. Tú también tienes papá.
—Gracias, papá. —Ulises tuvo que conformarse con contactar a Nerea por teléfono.
En ese momento, Nerea se arrepintió.
Esa cirugía para borrar la memoria había sido totalmente inútil; no ayudaba en nada y ahora tenía que recoger a su hijo a escondidas.
Sentía que había perdido más de lo que había ganado.
Al regresar a la Mansión Vega, Laura ya había preparado una mesa llena de comida deliciosa.
Durante la cena, Cristian se ofreció a pelarle camarones, pero Ulises dijo:
—Papá, ya no como camarones.
—¿Por qué? Recuerdo que te gustaban mucho.
Como su mamá era alérgica a los camarones, él había dejado de comerlos.
—Ya no me gustan.
Cristian respetó su decisión y le sirvió otros platillos, luego tanteó el terreno:
—Ulises, ¿extrañas a tu mamá?
—Sí. —Ulises asintió.
—¿Y si papá te busca una nueva mamá? ¿Qué te parece?
—¿Eh? —Ulises levantó la vista mientras mordía una alita de pollo.
—Buscar una nueva mamá que te ame junto con papá, ¿está bien? Así podríamos ir a recogerte juntos a la escuela.
Ulises dejó rápidamente los cubiertos y se limpió la boca.
En la madrugada, cuando Cristian salió del despacho y pasó por la habitación de Ulises, vio que la luz seguía encendida.
Empujó la puerta y vio que Ulises seguía frente a la computadora.
Padre e hijo se quedaron pasmados un momento.
Cristian frunció el ceño y se acercó.
—¿Por qué no te has dormido?
—Estoy estudiando, ¿ya son las nueve y media?
—Es de madrugada, duérmete ya, si te duermes tarde no vas a crecer.
Bajo la mirada de Cristian, Ulises apagó la computadora y se metió en la cama.
Cristian lo tapó bien con las sábanas.
—¿Quieres que papá te cuente un cuento para dormir?
Ulises negó con la cabeza.
—Buenas noches, papá.
Con la ayuda de Ulises, el artículo se completó muy rápido.
Nerea estaba relajada y Miranda quedó muy satisfecha.
Al mismo tiempo, llegaron buenas noticias desde San Robledo.
La mayoría de los miembros importantes de la organización criminal internacional en San Robledo habían sido capturados, y unos pocos habían escapado.
Se había emitido una orden de búsqueda internacional para los fugitivos.
Ese era el precio por atreverse a asesinar arrogantemente a policías nacionales.
Y en cuanto a Isabel, le dieron el alta del hospital.
Pero lo que enfrentaba ya no era cadena perpetua, sino el fusilamiento...

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