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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 539

Tras la partida de los Echeverría, solo quedaba Lucas.

Él seguía alojado en la sala de aislamiento.

Al igual que Nerea, le habían inyectado el suero de uso militar, por lo que sus funciones corporales habían mejorado drásticamente.

Además, era el jefe de «Noche Oscura», una organización de asesinos de fama mundial.

Por eso debía permanecer encerrado en la sala de aislamiento.

Lucas jugaba aburrido con un cuchillo volador; lo lanzaba con desgana, pero siempre daba en el blanco.

Al ver a Nerea, se recargó con despreocupación, adoptando una pose que resaltaba los firmes músculos de su pecho.

—Nerea, ¿cuándo me vas a dejar salir?

Llevaba días encerrado sin nada que hacer, así que solo podía hacer ejercicio.

Por eso, aunque estuviera cautivo y bien alimentado, mantenía un físico excelente.

Nerea fingió no verlo.

—No tengo autoridad para liberarte.

—Entonces entra. —Lucas le hizo una seña con el dedo.

—¿Para qué? —preguntó Nerea.

En ese instante, la mirada de Lucas se volvió particularmente intensa.

—Tengo unas ganas de besarte hasta matarte, mujer.

Al día siguiente llegó la orden de procesamiento para Lucas; enfrentaría un tiempo en prisión.

Lucas salió perezosamente de la habitación de cristal, llevando un collarín especial en el cuello, además de esposas y grilletes.

Se quejaba mientras caminaba:

—Nerea, ¿no puedes decirles que me quiten esta porquería? Es muy incómoda.

—No tengo autoridad. —Nerea estaba cabizbaja firmando papeles.

—Oye, Nerea, me voy a ir, ¿ni siquiera vas a levantar la vista para mirarme bien?

Los policías, al ver que Lucas y Nerea hablaban con tanta familiaridad, pensaron que tenían algún tipo de amistad.

Además, con las esposas y grilletes especiales que llevaba Lucas, no podía hacer gran cosa.

Así que los oficiales bajaron la guardia.

Cuando Lucas se detuvo frente a Nerea, no lo apresuraron ni lo detuvieron.

Por eso, cuando Lucas se abalanzó de repente, no pudieron impedirlo a tiempo.

Solo pudieron ver, atónitos, cómo en el momento en que Nerea levantaba la vista...

Lucas la agarró del cuello, tiró de ella y bajó la cabeza para besarla con fuerza.

Fue una secuencia de movimientos fluida, casi en un parpadeo.

Pero la reacción de Nerea también fue rápida.

«¡Pum!»

Nerea le propinó un puñetazo en el estómago a Lucas.

Usó toda su fuerza.

Lucas soltó un gemido ahogado, sintiendo como si sus órganos internos estuvieran a punto de estallar.

Sin embargo, siguió sujetando el cuello de Nerea con firmeza, pegado a sus labios besándola frenéticamente.

—¡Suéltame! —advirtió Nerea entre dientes, furiosa.

Pero Lucas intensificó su ataque, aprovechando para forzar la entrada en su boca.

Nerea aprovechó la oportunidad y mordió con fuerza.

Al instante, el sabor metálico de la sangre llenó sus bocas.

—Sss...

Lucas siseó de dolor.

Pero aun así no quiso soltarla ni apartar la boca.

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