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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 664

—Le faltó nivel —respondió Lucas simplemente.

No dio más explicaciones y solo le ordenó a Augusto que se retirara a preparar las cosas.

Lucas temía que, si se ausentaba mucho tiempo, Nerea pudiera despertar.

Salió del estudio y se dirigió a la recámara.

Augusto no se iba a quedar de brazos cruzados, así que empezó a hacer preguntas por todos lados.

Al final, se enteró de que Rosana había muerto de un balazo a manos de Nerea, la misma mujer que el jefe acababa de traer cargando.

Augusto giró la cabeza para mirar en dirección a la habitación de Lucas.

Sus ojos destilaban puro odio.

De repente, se fijó en uno de los empleados de la casa.

Tras pensarlo un par de segundos, se acercó a él...

***

En la recámara, Nerea ya había recobrado el conocimiento.

Lucas le había inyectado una buena dosis de sedantes, así que sentía el cuerpo como de trapo, pero las sienes le palpitaban con tanta fuerza que sentía que le iba a estallar la cabeza del dolor.

Al ver a Lucas entrar, Nerea no pudo evitar apretar la mandíbula con tanta fuerza que le rechinarón los dientes.

Lo miraba con un odio tal que parecía querer arrancarle la piel a tiras.

A Lucas le importó un carajo, se acercó a ella con una sonrisa y le preguntó:

—Ya despertaste, ¿tienes hambre?

Al mismo tiempo, le acarició la mejilla con una mano.

Nerea, que estaba atada de pies y manos con unas cadenas gruesas, no tenía hacia dónde hacerse. Volteó la cara y le escupió con desprecio:

—¡Lárgate! ¡No me toques!

Lucas soltó una risita suave y luego cambió a un tono agresivo.

La agarró de la barbilla con fuerza, obligándola a que lo mirara a los ojos.

—Nerea, yo soy un poco terco. Entre más me digas que no te toque, más ganas me dan de hacerlo.

Nerea lo fulminó con la mirada y le soltó:

—¡Eres un maldito enfermo!

La sonrisa de Lucas se hizo más grande, pero sus ojos seguían fríos y vacíos. Su pulgar rozó bruscamente los labios de Nerea.

—Nerea, con esa boquita que te cargas, en serio dan ganas de besarte.

Sin darle tiempo a reaccionar, se abalanzó hacia ella.

Al verse acorralada, la mirada de Nerea se volvió feroz y echó la cabeza hacia adelante de un golpe.

¡Pum!

—Tu boquita en serio está pidiendo a gritos que la bese.

Nerea rechinó los dientes y lo retó:

—¡A ver, atrévete, cabrón!

—Ya te dije que no me provoques, ¿o de verdad quieres ver de qué soy capaz? —Lucas volvió a acercarse, pero esta vez iba preparado.

Avanzó hacia ella con una actitud agresiva, decidido a besarla a la fuerza.

Sin embargo, no se esperaba que Nerea le diera una mordida directamente en la lengua. Y no lo soltaba.

La lengua está llena de vasos sanguíneos, especialmente en la base, como la arteria lingual.

Tiene un gran flujo de sangre y está a bastante profundidad. Si se llega a cortar, la sangre sale a borbotones como si fuera una fuente.

En un abrir y cerrar de ojos, un intenso sabor a sangre inundó la boca de Lucas.

Lucas, sin pensarlo dos veces, levantó la mano y le dio un golpe seco en la nuca.

Nerea cerró los ojos y su cuerpo cayó desvanecido.

Lucas logró sostenerla, tomando aire entre los dientes por el dolor insoportable.

Nerea de verdad tenía toda la intención de arrancarle la lengua a mordidas. Qué mujer tan salvaje.

Pero mientras más indomable fuera, más se le antojaba doblegarla y más divertido le resultaba el juego. ¡Le encantaba!

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