Tenía que comer para recuperarse rápido, y sobre todo, para tener fuerzas y matar a Lucas.
Nerea transformó su coraje en hambre.
A pesar de que en realidad no quería probar bocado y no tenía nada de apetito.
Lucas arqueó una ceja.
—Vaya, ¿tanta hambre tienes?
Nerea lo ignoró y siguió comiendo.
Lucas dio un sorbo a su café con toda la calma del mundo.
—Ve más despacio. Si te ahogas, ¿de quién va a ser la culpa?
—Cuando se come no se habla, así que cállate —respondió ella con frialdad.
La verdad es que simplemente no soportaba escuchar su voz.
Pero si se lo decía directamente, el muy cabrón de Lucas seguro le llevaría la contraria nomás por molestar.
Aunque la fiebre había bajado por el momento, la cabeza le seguía punzando, y escuchar a Lucas solo empeoraba la migraña.
—¿Desde cuándo te importan tanto los modales? —preguntó Lucas, pero al final no dijo nada más.
Nerea terminó la mayor parte de la comida, aunque le supo a cartón.
A escondidas, apretó y soltó los puños, repitiendo el movimiento varias veces.
Parecía que había recuperado un poco de fuerza.
—Nevis está en el sótano —le dijo Lucas—. ¿Quieres ir a verlo? Puedes matarlo tú misma.
—¿Nevis? —preguntó Nerea.
—El jefe de los que los secuestraron —aclaró él.
Nerea lo miró sin cambiar de expresión.
¿De verdad Lucas sería tan buena gente como para dejarla matarlo con sus propias manos?
Ni de chiste.
—No quiero ir —dijo ella con frialdad.
—¿No quieres ir? —Lucas arqueó una ceja, sorprendido. Eso no se lo esperaba—. ¿Por qué no?
Porque Nerea sospechaba que Lucas seguramente iba a querer ponerle condiciones.
Y, en efecto, ese era exactamente el plan de Lucas.
Había dado por hecho que, al escuchar el nombre de Nevis, Nerea aceptaría de inmediato.
Después de todo, por lo que había observado, ella era alguien extremadamente paciente. ¿Hasta qué punto?
Quienes no la conocían pensarían que era una cobarde, una dejada.
Pero la realidad es que solo sabía aguantar.
Y no solo eso, también era calculadora y sumamente rencorosa.
Si alguien se metía con ella, siempre que tuviera la oportunidad...
...haría pagar a quienes la lastimaron, sin importar el costo.

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