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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 691

—¿Qué es esto? —preguntó Lucas al acercarse y notar de un vistazo el cordón rojo que se perdía bajo la ropa de Nerea. Curioso, levantó la mano para tirar de él. Se escuchó un manotazo. Nerea le apartó la mano de un golpe sin ninguna contemplación y lo miró con frialdad. —No es asunto tuyo —soltó ella. Lucas arqueó una ceja. No se molestó; al contrario, como la misión de asesinato de Augusto había sido un éxito, estaba de un humor excelente. —¿Acaso es un secreto? —preguntó. —No tienes derecho —respondió ella. Lucas respiró hondo y se pasó la lengua por el interior de la mejilla, un tanto resignado. Al principio, solo pensaba echarle un vistazo y largarse. No pensaba hacer nada más. Al fin y al cabo, con el estado físico de ambos, necesitaban reposo absoluto por un tiempo. Pero quién diría que esta mujer tenía el don de encender su interés con solo un par de palabras. La miró con una sonrisa. —Si lo pones así, entonces con más razón quiero verlo. Lucas volvió a extender la mano, pero justo en ese instante... El estruendo de unas ráfagas de ametralladora resonó en el exterior, acompañado por los aullidos de una manada de lobos. Alguien golpeó la puerta. —¡Jefe, nos están atacando! Lucas detuvo su mano y frunció el ceño. Como un leopardo alerta, giró la cabeza hacia la ventana. Y en ese único segundo de distracción, Nerea actuó sin dudar. Agarró la mano que Lucas había extendido, tiró de él hacia adelante, flexionó la pierna y le dio un rodillazo brutal hacia arriba. El golpe impactó directamente en la herida del abdomen de Lucas. Todo ocurrió en un parpadeo. Lucas soltó un quejido sordo. Su cuerpo se encorvó de golpe, su rostro palideció y la herida comenzó a sangrar de inmediato. Enseguida, Nerea dejó caer un codazo con una fuerza descomunal que se estrelló de lleno contra la espalda de él. En ese instante, Lucas creyó escuchar el crujido de sus propios huesos antes de escupir una bocanada de sangre. Su respiración se volvió pesada y agitada. Se aferró a la cintura de Nerea como si abrazara el tronco de un árbol y usó todo su peso para empujarla hacia atrás. Como la cama estaba a espaldas de Nerea, la fuerza bruta de Lucas la arrojó directo sobre el colchón. La situación se invirtió en un segundo: ahora ella estaba sometida bajo su peso. Fue entonces cuando Lucas notó la mirada de Nerea; era tan feroz que parecía dispuesta a devorarlo vivo. —Ya lo sabías, ¿verdad? —preguntó él. Por eso no se inmutó cuando comenzaron los disparos. Además, esa misma mañana, cuando ella lo obligó a tomarse esa cucharada de sopa, él ya había notado algo raro. Ahora, esa extraña sensación era más que evidente. Nerea esbozó una sonrisa tétrica. —Así es, lo sabía desde el principio. ¡Lucas, hoy juro que te voy a matar! Los disparos afuera se volvieron más intensos, más cercanos. Los ladridos y los gritos de los hombres se mezclaban en un caos total. Lucas sabía que no podía perder el tiempo peleando con ella ahí mismo. Tenía que salir a ver qué demonios estaba pasando. Así que sacó el control del collar y apretó el botón sin dudar. Como los equipos de rescate aún no llegaban y el lugar estaba repleto de hombres de Lucas, Nerea sabía que si seguía resistiéndose, solo lograría provocarlo más. Decidió fingir. Igual que en las descargas eléctricas anteriores, su cuerpo empezó a convulsionar; se dejó caer con una expresión de impotencia y cerró los ojos, fingiendo un dolor extremo. Era mejor mantener un perfil bajo y esperar el momento adecuado. Un ataque sorpresa podría darle el golpe de gracia a Lucas. Mientras tanto, en el pasillo, el subordinado se desesperó al no recibir respuesta y abrió la puerta de la habitación. —¡Jefe! —exclamó. —¿Cuál es la situación afuera? —preguntó Lucas, incorporándose de inmediato, ignorando el dolor de sus heridas y con un semblante sombrío. —¡Son los hombres de Nieves! Han venido a atacar.

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