Se arrepentía por haber sido tan soberbio, por no haberle cortado las alas a tiempo. Y le hervía la sangre de coraje por tener que morir así, humillado y derrotado. ¡No lo aceptaba! Tras un último jadeo desesperado, a Lucas se le fue el aire y su cuerpo quedó inerte. ¡Por fin había muerto! Sin embargo, Nerea no sintió el alivio ni la alegría que esperaba. La muerte de Lucas no le devolvería la vida a sus compañeros caídos. Ya nunca volvería a verlos. —¡Jefe! ¡Jefe! —gritaban sus matones—. ¿Qué hacemos? ¡El jefe está muerto y solo él puede abrir el túnel! Los disparos se escuchaban cada vez más cerca. Los refuerzos habían llegado. Nerea dejó de lado sus emociones y, coordinándose con los que venían de afuera, masacró a todos los hombres de Lucas que quedaban en el sótano. —¡Señorita Galarza! —exclamó el comandante Wang, vestido con el uniforme de los terroristas de Nieves, acercándose a ella a paso rápido—. Soy Wang. Tome este auricular, ya puede comunicarse con el señor Buenaventura y el director Encinas. Nerea se puso el auricular e intercambió un par de frases rápidas con ellos. Confirmó su identidad, les aseguró que no tenía heridas graves y no dijo más. Había cosas más urgentes que atender. Con todo el escándalo que se había armado, la policía estadounidense no tardaría en aparecer; no eran sordos. Wang lideró a su equipo directo al despacho de Lucas. Por su parte, Nerea regresó a la habitación principal escoltada por dos soldados. Se tiró al suelo y empezó a buscar desesperadamente. Revisó debajo de la cama, detrás de las cortinas, bajo el sofá y en las mesitas de noche. No había nada. Estaba segura de que él solo había pisado y roto una de las cuentas; todavía quedaba una más. ¿Adónde demonios había ido a parar? ¿Por qué no podía encontrarla? La desesperación en el rostro de Nerea se hizo evidente. Con los ojos enrojecidos, se mordió el labio y dio vueltas por la habitación como león enjaulado. Al ver su angustia, los soldados preguntaron: —Señorita Galarza, ¿qué está buscando? Nosotros le ayudamos. Nerea habló a toda prisa: —El rosario... busco una cuenta del rosario, es verde y del tamaño de un chícharo. Justo en ese momento, el mosquito mecánico negro voló hasta posarse cerca de la mano de Nerea y la guió hasta la última cuenta que había salido rodando. La recogió como si fuera un tesoro invaluable. Quiso limpiarla con su ropa, pero estaba cubierta de sangre. Fue al baño a lavarla, recogió el cordón rojo roto del suelo, ató la cuenta y se lo colgó de nuevo en el cuello. Mientras tanto, haciéndose pasar por un miembro del Escuadrón del Pañuelo Rojo, Wang subió a la red un video que dejó al mundo entero con la boca abierta. En la grabación, Wang imitaba los ademanes exagerados de un terrorista extranjero, gritando eufórico: —¡Miren nomás lo que me encontré! ¡El plan detallado para asesinar al presidente Gury! ¡Y también la agenda con sus rutas de estos últimos días! Además de los documentos, Wang filtró una grabación de las cámaras de seguridad. En el video se veía claramente a Lucas llamando al vicepresidente Brier para felicitarlo tras el asesinato del presidente Gury. Se le escuchaba alardear con total descaro, ofreciéndose a eliminar a otras personas por él. ¡La noticia paralizó al mundo! La información revelada por Wang cayó como una bomba, empeorando el caos político en el que ya estaba sumergido Estados Unidos por la muerte del presidente. Wang siguió registrando el despacho de Lucas. Fotografió los documentos físicos importantes y los transmitió a la base de operaciones, mientras que los archivos de la computadora se copiaron automáticamente en el sistema de Cristian y su hijo en cuanto la conectó a la red. Con el trabajo terminado, todos se reunieron para emprender la retirada. Pero justo en ese momento... ¡Un estruendo ensordecedor sacudió la casa entera! A esa primera explosión le siguieron varias más. Las lujosas lámparas de cristal se hicieron añicos contra el suelo, las paredes se agrietaron, los pilares de carga colapsaron y el techo comenzó a desplomarse. —¡Cuidado! —¡Cúbranse! ¡Habían llenado los cimientos de la casa con explosivos! De golpe, Nerea recordó lo que habían mencionado Lucas y sus hombres sobre el pasaje en el nivel inferior. —¡Al sótano! ¡En el sótano hay un túnel secreto!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio