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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 693

Sacó su celular y marcó el número de Agustín. —Mi ubicación quedó expuesta, ya no me puedo quedar. Voy a evacuar por el túnel secreto —dijo rápido—. El trabajo de Augusto fue un éxito, avísale a su equipo que no vengan para acá. Diles que se escondan en el extranjero hasta que se calmen las aguas. —¿Cómo es que te descubrieron? —preguntó Agustín. —Fueron los latinoamericanos. —Te lo dije desde el principio, no te metieras con ellos. —Ya no sirve de nada quejarse, el daño ya está hecho. Solo te llamo para avisarte, ándate con cuidado por allá. Lucas colgó la llamada y tecleó algo en su celular. En ese instante, se escuchó el estruendo de los cristales rotos, seguido por una ráfaga de balas que impactaron en la pared. —¡Atrás, retrocedan! —gritó uno de los hombres. El repiqueteo de las armas no cesaba. Protegido por sus hombres, Lucas corrió hacia el sótano, cargando a Nerea al hombro. El túnel de escape secreto estaba oculto ahí abajo. En medio de semejante caos, nadie le prestaba atención a la supuesta inconsciente Nerea. Pero, en un descuido y sin hacer el menor ruido, ella le arrebató una pistola a uno de los sicarios. En total silencio, apuntó el cañón directo al corazón de Lucas. Y apretó el gatillo. Tres disparos resonaron uno tras otro. Lucas soltó un quejido sordo, perdió el equilibrio y, sin poder evitarlo, se fue de bruces por las escaleras. —¡Jefe! —gritaron sus hombres. Nerea y Lucas rodaron juntos por los escalones. Durante la caída, Nerea se aferró a él con uñas y dientes, enredándose en una pelea caótica. Los hombres de Lucas querían disparar, pero como ambos estaban enredados y no dejaban de dar vueltas, era imposible distinguir quién era quién. Desesperados, bajaron corriendo detrás de ellos. Entre los giros, Nerea logró soltar dos tiros más. Como estaban rodando, no tuvo buena puntería. Pero en ese punto, no le importaba dónde le daba, con tal de atinarle. Y cuando escuchó otro gemido de dolor de Lucas, supo que había sido suficiente para asegurarse de que el infeliz no saldría vivo de esta. Al llegar al final de la escalera, Nerea usó el cuerpo de Lucas para amortiguar la caída. Rápidamente, se apoyó sobre una rodilla y le apuntó directo a la cabeza. —¡No te muevas! —gritaron los hombres de Lucas, apuntándole también a ella. Lucas, con cinco impactos de bala en el cuerpo, seguía respirando. Era duro de matar. Con el pecho bañado en sangre, la miró con absoluta incredulidad, como si sus ojos preguntaran: «¿Cómo despertaste tan rápido?». —Adivina —respondió ella con sorna. La iluminación en el sótano era escasa. Nerea tenía el rostro manchado de sangre por los golpes de la caída, pero su mirada era oscura y aterradora, como un demonio salido del infierno que venía a cobrar una deuda. Lucas dedujo que Nerea se había acostumbrado al nivel más bajo de las descargas. Con mano temblorosa, sacó el control del collar para amenazarla, levantó un dedo ensangrentado para indicarle que esa era su última oportunidad y le hizo una seña para que se acercara. A estas alturas, ¿quién chingados le iba a hacer caso? —¡Vete al infierno! —Nerea esbozó una sonrisa y apretó el gatillo sin dudar. Era la última bala. Justo en el instante en que resonó el disparo, Lucas presionó el botón del control, y sus hombres abrieron fuego al mismo tiempo. Pero la descarga eléctrica brutal y las agujas venenosas que Lucas esperaba nunca llegaron. A Nerea no le pasó absolutamente nada. No solo salió ilesa del collar, sino que esquivó ágilmente varios de los disparos fatales, aunque, por desgracia, dos balas le rozaron el brazo y el muslo. Fue solo en ese instante que Lucas comprendió que el collar había sido desactivado. ¿Desde cuándo dejó de funcionar? ¿Acaso Nerea se la pasó actuando todo el tiempo? Pensar en eso hizo que el rostro de Lucas se desfigurara por la ira. Temblaba de pies a cabeza. Quiso decir algo, pero al abrir la boca solo expulsó bocanadas de sangre. Su pecho subía y bajaba con violencia, exhalando más rápido de lo que inhalaba. Con los ojos inyectados en sangre, clavó la mirada en Nerea por última vez. Una mirada llena de arrepentimiento y de puro coraje entripado.

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