Felicia se estaba retocando el labial frente al espejo. Al ver a Nerea, soltó un bufido despectivo.
Nerea la miró con frialdad, como si fuera una desconocida, y la ignoró por completo.
Caminó tranquila hacia el lavabo y abrió el grifo.
Felicia terminó de pintarse los labios, giró la cabeza y arrugó la nariz con asco.
—Huele a rayos. Qué peste.
»Restaurante de quinta. ¿Están tan necesitados? Dejan entrar a cualquier mugroso a comer, qué asco.
Nerea llevaba más de ocho horas en el laboratorio. Quizás traía impregnado un ligero olor a químicos, pero definitivamente no apestaba.
Felicia solo quería molestar.
Nerea hizo como que no escuchaba nada, se secó las manos meticulosamente con una toalla de papel y buscó la crema de manos.
Vio una de té blanco, su aroma favorito.
Pero en lugar de tomarla, estiró la mano hacia la de rosas. Felicia, al ver el movimiento, se la arrebató de un manotazo.
Con la crema de rosas en la mano, Felicia miró a Nerea triunfante.
—Ni lo sueñes.
Nerea sonrió levemente y, sin decir palabra, tomó la crema de té blanco que quería desde el principio. Ni siquiera miró a Felicia; se mantuvo serena todo el tiempo.
Eso hizo que Felicia, con sus berrinches, pareciera una payasa ridícula.
Nerea se aplicó la crema y se dio la vuelta para irse. Felicia pataleó del coraje.
—¡Nerea, no te atrevas a ignorarme!
Nerea siguió caminando. Felicia, furiosa, agarró su bolso y corrió tras ella.
—¡Quítate, estorbo! —gritó Felicia, embistiéndola con el hombro a propósito.
—¡Ah! —Nerea soltó un quejido y perdió el equilibrio.
—Cuidado.
Unas manos grandes y firmes la sostuvieron.
—Gracias. —Nerea levantó la vista agradecida y se encontró con el rostro de Liam.
La gratitud en sus ojos se esfumó al instante, reemplazada por una leve antipatía.
Aunque Liam la había ayudado, recordar que era el mejor amigo de Cristian y que había borrado aquel video hacía que no pudiera ponerle buena cara.
Felicia, al ver a Liam, corrió hacia él.
—Liam, suéltala rápido, apesta horrible. Se te va a pegar el mal olor en la ropa.
—El té blanco no huele mal —dijo Liam, y al ver que Nerea ya estaba estable, la soltó.
Felicia insistió:
—El té blanco es la crema. Ella es la que huele a podrido, seguro viene de pepenar en la basura. Aléjate de ella.


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