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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 86

Isabel, como la futura cuñada de Felicia, tenía que mostrar interés. Al preguntar, salió a relucir el nombre de Nerea.

Isabel no dijo mucho, pero Blanca Echeverría se convirtió en su vocera:

—¿Cómo es posible? ¿Te golpeó solo por una crema de manos?

—Hermano... —Felicia miró a Cristian.

Cristian conocía bien a su hermana. Apagó su cigarrillo en el cenicero.

—Nerea no golpea sin razón. ¿Tú empezaste?

—¡Cristian! —chilló Felicia—. ¿De qué lado estás? ¿Por qué la defiendes tanto si ya tienes a Isa?

Cristian frunció el ceño.

—¡Felicia! Deja el drama. Si sigues diciendo tonterías te vas a la casa a reflexionar.

Isabel cruzó una mirada con Blanca. Blanca captó el mensaje de inmediato.

—Cuñado, Felicia solo está triste y alterada, no la regañes. Todos sabemos que tú solo tienes ojos para mi hermana.

Fabián también entró al quite para calmar las aguas:

—Sí, Cris, no seas duro con las chicas. Además, Nerea ya no es la misma mosquita muerta de antes. Capaz que se desquitó con Felicia por el coraje que te tiene a ti. Felicia es muy delicada, no es rival para ella.

Felicia comenzó a lloriquear.

—Hermano, Nerea se ha vuelto muy mala. Ahora que anda con Samuel se siente intocable. No solo se burló de mí, también habló pestes de ti y de Isa.

Al escuchar lo último, la expresión de Cristian cambió.

—¿Qué quieres que haga?

Felicia se alegró por dentro. Sabía que si mencionaba a Isa, su hermano no se quedaría de brazos cruzados.

—Hermano, ella está en el privado de al lado. Tienes que darle una lección para que se le bajen los humos. Que aprenda a no meterse con Isa.

Isabel miró de reojo a Felicia. Sabía perfectamente cómo era su futura cuñada; seguramente estaba usando su nombre para vengarse de Nerea.

Pero ver a Nerea humillada no le caía mal, así que fingió no darse cuenta.

Cristian sabía que Felicia probablemente exageraba, pero con Isa sentada a su lado, no quería que ella tuviera dudas.

Sacó su celular, marcó un número, dio un par de instrucciones breves y colgó.

Al escuchar la llamada, Felicia sonrió satisfecha. Esperó un momento y luego arrastró a Blanca fuera del privado.

En ese instante, la puerta del salón contiguo estaba abierta de par en par y se escuchaban gritos.

—Gerente, ¿qué significa esto? —Federico azotó los cubiertos contra la mesa y se recargó en la silla con cara de pocos amigos.

Los demás colegas del instituto hicieron lo mismo, tirando los cubiertos con rabia.

Fue entonces cuando Nerea vio a Felicia y a Blanca detrás de la multitud.

A lo lejos, Felicia alzó las cejas con burla y movió los labios para decirle: «¡Zorra! Te lo buscaste».

Todo estaba claro.

Si Felicia y Blanca estaban ahí, Cristian e Isabel seguramente también. Aparte de Cristian, ¿quién más tenía el poder para hacer algo así?

Una ira incontenible invadió a Nerea.

Solo quería cenar tranquila con sus colegas. ¿Por qué? ¿Por qué no la dejaban en paz?

¿Por qué tenía que toparse con la maldita familia Vega y sus idioteces en todos lados?

¿Por qué, a pesar de que siempre cedía, no la dejaban vivir?

¿Por qué siempre la atacaban?

¿Qué había hecho mal?

¿En qué le había fallado a la familia Vega o a Cristian para merecer esto?

¿Con qué derecho la pisoteaban así?

La rabia y el coraje que llevaba tragándose desde hacía tanto tiempo explotaron de golpe, como un volcán.

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