Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 96

—Isa, ¿qué quieres decir?

Isabel asintió agradecida hacia él y luego miró a Liam para dejar clara su postura.

—Liam, lo siento mucho. Esto fue culpa de Blanca. Ella aceptará cualquier castigo que decidas.

Isabel fue muy inteligente al no pedir clemencia para Blanca.

Primero, porque no serviría de nada; todos sabían que Liam adoraba a su hermana.

Segundo, porque necesitaba salvar su propia imagen ante Liam.

Blanca, al escuchar esto, se puso lívida del miedo.

—Hermana... Sé que me equivoqué. Liam, p-perdón, y Martina, perdóname. Se me nubló la mente, lo siento, lo siento. Haré lo que me pidan, pero no me metan a la cárcel, por favor.

—Cállate. Entra y reflexiona —la reprendió Isabel con frialdad.

Blanca se desplomó en el suelo, llorando y suplicando sin parar.

—Liam, Martina, perdónenme, por favor. De verdad sé que estuve mal. No quiero entrar ahí, no quiero, buaaa...

Liam se acercó a ella y, con la mano en la barbilla, le levantó la cara, mirando con indiferencia aquel rostro lleno de miedo y arrepentimiento.

—También es una opción. Piénsalo tú misma.

Blanca asentía frenéticamente.

—Lo he pensado, lo he pensado.

—Bien —respondió Liam, y luego miró a Isabel—: ¿Isa tiene alguna objeción?

El corazón de Isabel se hundió.

Esa tonta... la cárcel era el lugar seguro. Una vez que pasara la tormenta, ella podría mover influencias para que nadie la tocara ahí dentro. Pero si no entraba, Liam sin duda usaría otros medios para castigarla.

¿Acaso creía que porque Liam era amable con ella normalmente era un santo?

¡Ingenua!

Los métodos de un empresario de su nivel eran inimaginables para la gente común.

La gente de Liam se llevó a Blanca al coche. Fue entonces cuando ella sintió verdadero terror. Pensó que Liam la había perdonado por su hermana y su cuñado, y que podría irse con Isabel.

No esperaba que la subieran al coche de Liam.

Golpeó la ventanilla aterrorizada, gritando por ayuda.

Un segundo después, alguien le cubrió la boca con un trapo y se desmayó.

Después de acomodar a Martina en el coche, Liam caminó hacia el auto de Nerea. Se inclinó apoyándose en el techo para hablar con ella a través de la ventana.

Los ricos tenían muchas formas de jugar con la gente, formas que una persona común ni imaginaba.

Cuando Nerea se fue, Cristian le dijo a Isabel que subiera al coche. Luego caminó hacia Liam y le ofreció un cigarro.

Ambos se recargaron en el auto, fumando en silencio. Al terminar el cigarro, Cristian rompió el silencio:

—No culpes a Isa. Ella no sabía nada, también está muy molesta.

Liam aplastó la colilla con el pie.

—Lo sé. Solo que al pensar en lo asustada y desesperada que habría estado Martina si Nerea no hubiera intervenido... no puedo evitar sentir rencor. Blanca se atrevió a tanto solo porque sabe que quieres a Isabel.

Cristian dijo con voz grave:

—Lo siento.

—Sé que amas lo que ella ama, pero la próxima vez revisa bien la moral de su familia antes de entregar tu confianza —dijo Liam, enderezándose—. Me voy, Martina me espera.

Con todo el ajetreo, Nerea llegó a casa casi a las tres de la mañana.

Su plan de estudiar se fue al diablo. Como la ñoña que era, no estudiar le causaba ansiedad, como si hubiera perdido millones de pesos.

Inquieta, no podía dormir bien, así que se levantó y leyó una hora antes de poder conciliar el sueño tranquila.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio