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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 389

El laboratorio estaba ardiendo.

El fuego se propagó con una rapidez aterradora. En un instante, la habitación se llenó de un humo denso y asfixiante, y se empezaron a escuchar toses por todos lados.

Nerea gritó: —¡Mójense la ropa con agua y cúbranse la nariz! ¡Traten de no hablar, el humo es tóxico!

Mientras hablaba, Nerea tomó su taza, solo para darse cuenta de que estaba vacía.

Las llamas rugían con furia, la ola de calor golpeaba y se escuchaban explosiones y chispas saltando por doquier, acompañadas de gritos de pánico.

Nerea desconectó rápidamente el cable de alimentación, abrazó su laptop contra el pecho y se cubrió la nariz con la manga, respirando despacio.

—¡Nerea, cuidado!

Antes de que pudiera reaccionar, Cristian se abalanzó sobre ella.

Una lámpara del techo se desplomó.

¡Crack! Golpeó a Cristian directamente en la cabeza.

Cristian puso los ojos en blanco y se desmayó.

—¡Cristian!

La respuesta de la base fue rápida; organizaron el rescate de inmediato y el fuego fue sofocado poco después.

La mayoría de los investigadores estaban bien, solo asustados. Algunos tenían heridas leves, golpes o raspones por el pánico al intentar salir. El único herido de gravedad era Cristian.

Había entrado en coma.

—Nere, ¿estás bien? —Leonardo llegó junto a ella, mirándola con angustia.

Nerea negó con la cabeza y señaló a Cristian, a quien subían a la ambulancia. —Él recibió el golpe por mí.

Cristian llevaba tres días en coma. Los especialistas del hospital militar se habían quebrado la cabeza, pero no encontraban la causa. Decían que la lesión era grave, pero los escáneres no mostraban nada concluyente. Sin embargo, no despertaba.

Leonardo llevó a Nerea al hospital para verlo.

El ejército había notificado a la familia de Cristian. Esmeralda y Noa estaban ahí.

—¡Tú! ¡Ave de mal agüero! ¿Todavía te atreves a venir? —Esmeralda, furiosa, alzó la mano para pegarle a Nerea.

Leonardo le interceptó la mano. —Señora Roldán, compórtese.

—¡Mi hijo está así por salvarla a ella! Tres días, ¡lleva tres días sin despertar! ¿Comportarme? ¿Cómo me pides que me comporte? ¿Qué clase de lugar es este ejército? Mi hijo entró sano y miren cómo está. ¿Acaso tú... —Esmeralda señaló a Leonardo—, hiciste algo a propósito para quedar bien con Nerea? ¡Voy a presentar una queja! ¡Los voy a denunciar!

Nerea apartó a Leonardo y se paró frente a Esmeralda. —Esmeralda, si quieres que tu hijo despierte, cállate la boca y lárgate a un rincón. No me estorbes mientras le pongo las agujas. Y otra cosa...

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