—Tía, no vengas a hacerte la víctima —dijo Doris con frialdad—. Tengo razones para sospechar que fue Patricio quien descompuso mis frenos.
Sus palabras dejaron a todos en la habitación sin aliento.
Fátima, furiosa, replicó de inmediato:
—¡No digas tonterías! ¡No te aproveches de que mi hijo no puede defenderse para calumniarlo!
Doris soltó una risa burlona.
—Si lo estoy calumniando o no, creo que tu hijo y tu hija adoptiva lo saben muy bien.
Al ser mencionada, Carolina se apresuró a decir con firmeza:
—Doris, ya que me nombras, te lo diré sin rodeos: ¡estás aprovechando la situación para difamar a Patricio!
Ricardo no dijo nada.
Fátima fulminó a Doris con la mirada.
—¡¿Oíste?! —Se giró para animar a Carolina—. Carolina, di lo que sepas sin miedo. ¡Hoy el abuelo está aquí y le hará justicia a Patricio!
Carolina volvió a contar la historia de cómo las había engañado en el restaurante Ají y Limón.
Al final, añadió:
—Mamá dijo que Doris una vez amenazó con que había vuelto a la familia Palma para destruir a nuestra familia. Por lo tanto, tiene motivos de sobra para culpar a Patricio ahora que está en coma y echarle la culpa del accidente.
Fátima se apresuró a decirle al patriarca:
—Papá, ya oíste a Carolina. ¡Esta desgraciada de Doris quería matar a Patri, a tu nieto! Papá, si no haces algo, ¡yo misma llamaré a la policía para que se encarguen!
—¡¿Qué policía ni qué nada?! —la reprendió Mauro—. ¡¿Acaso quieres ventilar nuestros trapos sucios en público?!
—¡Seguro que ella misma los descompuso para culpar a Patri!
Tatiana, que había permanecido en silencio, no pudo contenerse más al oír a Fátima.
—¡Esa suposición es absurda! —dijo sin miramientos—. Según la policía, el carro de Doris iba mucho más rápido que el de Patricio. Si Doris hubiera planeado algo así, ¡la probabilidad de que ella muriera era mucho mayor que la de Patricio! Si de verdad quisiera destruir a tu familia, ¿por qué se arriesgaría a perder la vida solo para deshacerse de Patricio? ¡Si ella muriera, no podría hacerles nada al resto de ustedes!
Las palabras de Tatiana dejaron a Fátima temblando de rabia.
—Tú, tú…
Doris también intervino con tono burlón:
—Tía, cuando dije que iba a destruir a su familia, me refería a sus negocios. El patrimonio de la familia Palma lo heredaremos mis padres y yo. No me interesa quitarles la vida; sus vidas no valen nada para mí. Me divierte mucho más verlos vivos, sin nada, haciendo el ridículo.
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