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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 225

¿Quería una guerra de palabras?

¡Doris nunca había perdido una!

Ella sonrió con desdén.

—Carolina, más bien parece que la que tiene miedo de quedarse con las manos vacías eres tú. Si yo curo a Higinio, seguro te arrepentirás de haber renunciado a casarte con él, ¿verdad?

»Y eso no es todo. Originalmente tenías otras opciones, como Antonio.

»Pero qué mala suerte, también lo dejaste ir. ¿Ahora la familia de Julián te está presionando mucho? ¿Sientes que ya no aguantas?

»Ah, por cierto, el día que fuiste a disculparte con Antonio, él justo vino a visitarme al cuarto del hospital y puso la llamada en altavoz.

»Debo decir que tu disculpa casi me conmueve, pero parece que a Antonio no le importó en lo más mínimo.

»Así que, como te preocupa no poder arreglar las cosas con Antonio, estás pensando que si de verdad logro curar las piernas de Higinio, podrías volver a buscarlo, ¿no es así?

»Seguro estás pensando: "Con mi encanto, si me rebajo un poco y lo complazco, ¿cómo no voy a poder conquistarlo? Por muy increíble que sea Higinio, sigue siendo un hombre, y qué hombre no se deja seducir por una cara bonita".

Cada palabra de Doris hacía que el rostro de Carolina se desfigurara un poco más.

Finalmente, Doris la miró con la misma falsa compasión.

—Carolina, como hija adoptiva de los Palma, se nota que tienes mucha presión encima, lo entiendo. ¡Échale ganas y sigue complaciendo a la familia de Julián! Porque si todo el esfuerzo que has hecho durante años se va a la basura, me temo que en el futuro no te quedará de otra más que depender de un hombre. Yo, como la verdadera heredera de los Palma, no tengo ese problema. Pase lo que pase, ya tengo en mis manos el 10% de las acciones de la Compañía Farmacéutica Palma y el 30% de Entretenimento Estrela.

»Y ese 30% de Entretenimento Estrela me lo consiguió Higinio como compensación por su accidente. Ay, la verdad es que a mí me bastaba con sus palabras bonitas, pero él insistió en darme una prueba tan real de su compromiso —dijo Doris, sacudiendo la cabeza con aire de fastidio.

Justo en ese momento, el elevador llegó al segundo sótano. Doris, con aire triunfante, tomó su portaviandas, entró y presionó el botón del sexto piso, donde estaba el cuarto de Higinio.

—Tsk, te doy la oportunidad y no la aprovechas —se burló Doris.

Cuando el elevador llegó al sexto piso, ella salió.

Dentro del elevador, en cuanto las puertas se cerraron, la sonrisa de Carolina se transformó en puro odio.

Si no fuera por las cámaras del elevador, le habría dado una patada a la puerta.

«¡Maldita sea, Doris! ¿De qué carajos te sientes tan orgullosa?».

Estaba segura de que Doris no sería capaz de manejar la presión y los ataques de los demás miembros de la familia Villar en la fiesta de compromiso, ¡y mucho menos de brillar como lo hizo en su bienvenida!

***

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