Pero ahora, al ver esa escena, sintió un poco de envidia de su cuñada por tener un esposo que la defendía en cualquier circunstancia.
¿De qué sirve tener dinero y poder?
Si él no está dispuesto a protegerte, todo eso no es más que humo.
En el escenario, Higinio aún no había reaccionado, pero Álvaro, fingiendo, se acercó a Germán con dos guardaespaldas y le advirtió con tono severo:
—Señor Rosales, hoy es la fiesta de compromiso de mi hermano y la señorita Doris. No sé quién lo invitó, pero ya que está aquí, es un invitado de la familia Villar. Le pido que se comporte y busque un lugar para sentarse.
Germán apartó la mirada y le respondió a Álvaro en voz alta:
—Tú eres Álvaro, ¿verdad? No finjas. ¡Fuiste tú quien me dio la invitación para que viniera a la fiesta de compromiso de tu hermano y Doris!
Álvaro, que estaba a medio camino, se detuvo en seco. La expresión de victoria en su rostro se resquebrajó.
Jamás se imaginó que Germán lo expondría de esa manera.
¡¿Qué demonios le pasaba a ese tipo?!
Los invitados quedaron boquiabiertos.
—¿Y esto qué es? ¿Otro numerito?
—O sea que el hermano del señor Villar lo trajo, ¿y ahora se hace el que no sabe nada?
—No sé qué está pasando, mejor sigamos viendo.
A Carolina se le hizo un nudo en el estómago. ¿Qué estaba haciendo Álvaro? Si quería usar al heredero de los Benítez para humillar a Doris, ¿acaso no se habían puesto de acuerdo antes?
Ricardo también sintió un mal presentimiento. El plan ni siquiera había comenzado, ¡y Álvaro ya la estaba regando!
—Esta vez no fui yo la que te echó sal en la herida.
—… —Noé, insultado de nuevo.
«Muy bien, me aguanto. Cuando mi hermano sea el heredero, ya me encargaré de este par».
—Señor Rosales, usted y yo no tenemos ningún problema —le gritó Álvaro a Germán, enfrentando las miradas inquisitivas de los invitados—. ¡No me difame!
—Ja, tú mismo lo has dicho, no tenemos ningún problema. ¿Qué gano yo con difamarte? Fuiste tú quien me entregó la invitación en persona. Las cámaras de seguridad de la entrada de mi casa lo grabaron todo.
Germán ignoró la mirada asesina de Álvaro y siguió dirigiéndose a Doris y a Higinio en el escenario.
—Doris, ayer por la noche, este tal Álvaro vino a buscarme de repente y me pidió que viniera a tu fiesta de compromiso con su hermano Higinio.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida