—Enviaré a alguien a investigar de inmediato —dijo Manuel.
—Aparte de Rubén Villar y Gabriela, nadie más querría salvar a Álvaro —dijo Higinio—. Pero ahora mismo, ellos dos apenas pueden cuidarse a sí mismos, así que no pueden ocuparse de él. Eso significa que quien se lo llevó tiene otras intenciones.
Su plan original era llevar a Álvaro a su isla privada y esperar a que Manuel confirmara si era o no su hermano biológico antes de decidir qué hacer.
Pero ahora, parecía que alguien planeaba usar a Álvaro para atacarlo.
Los únicos con ese motivo eran los de la familia Villar. Solo tenía que esperar a que dieran el siguiente paso.
—Entendido. Investigaré a Silvia y a Héctor con prioridad —asintió Manuel.
Higinio fue primero a la oficina. Después de resolver los problemas que habían quedado pendientes durante el mes que Álvaro estuvo a cargo, miró la hora. Ya era mediodía, así que llamó a Doris.
—Dori, ¿qué haces?
—Acabo de salir de la subasta. ¿Ya resolviste lo de Álvaro?
—Todavía no. Te cuento cuando nos veamos.
—De acuerdo. ¿Dónde estás? Voy para allá.
—En la oficina.
—Perfecto.
Al colgar, una leve sonrisa apareció en el rostro de Higinio. El tratamiento diario se había convertido en el momento más esperado de su día.
***
[Mi amor, como sabes, Germán no para de escribirme, así que saqué este número solo para ti. ¡Me estaba volviendo loca!]
Después de enviar el mensaje, Rosalinda le devolvió el teléfono a Doris con una sonrisa pícara.
—Prima, ¿era Higinio, verdad? Como vas a comer con él, no los molestaré, o me matará. Ahora solo me queda esperar a que Germán caiga en la trampa.
—¿Así que me estás ayudando a desviar el problema hacia ti? —inquirió Doris.
—Bah, no es nada. No tengo mucho que hacer, así que me encargaré de Germán por ti. ¡Será como un pasatiempo! —dijo Rosalinda, restándole importancia.
Justo en ese momento, su teléfono vibró.

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