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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 320

Al entrar en la oficina del presidente, Manuel cerró la puerta detrás de ella. Doris avanzó y vio a Higinio en su silla de ruedas junto a la ventana.

Tenía una laptop en el regazo y trabajaba con la cabeza ligeramente inclinada.

Doris se quedó observándolo por un momento. Desde su silla, su línea de visión quedaba casi a la altura del escritorio, por lo que la computadora de escritorio era inútil para él; por eso usaba una laptop.

Aun así, se veía increíblemente concentrado.

La luz del sol se derramaba sobre su cabello, perfectamente peinado pero sin ser demasiado formal, creando un halo dorado. Las sombras acentuaban los contornos de su rostro y sus facciones, haciéndolas aún más definidas y atractivas.

Sus dedos largos y delgados danzaban sobre el teclado, y hasta el sonido de las teclas parecía melódico.

En ese instante, a Doris no le apetecía interrumpirlo.

Pero él no tardó en levantar la vista y dedicarle una sonrisa tierna, mientras sus ojos oscuros brillaban como estrellas en la noche.

—Dori, llegaste.

Su mirada era tan tierna, y su sonrisa, tan pura y limpia.

Doris recordó lo que Rosalinda le había dicho en la casa de subastas: Higinio, a pesar de su posición, era un hombre que valoraba profundamente los sentimientos, y eso fue lo que les dio a Álvaro y Gabriela la oportunidad de hacerle daño.

—Me gustas —dijo Doris, mientras él se acercaba en su silla de ruedas.

La repentina confesión hizo que Higinio detuviera la silla. La miró fijamente, asegurándose de que no era una broma, y al ver su expresión seria, bromeó:

—¿En serio? ¿Apenas ahora te gusto? ¿Entonces todo este tiempo he estado enamorado yo solo?

—Un colgante para mi mamá. Pero no fui a comprar, fui a hacer que Ricardo perdiera toda esperanza —le contó Doris todo lo que había pasado, incluyendo cómo había hecho que Ricardo salvara a una mujer de las manos de Noé.

Higinio había estado presente cuando Doris envenenó a Ricardo, así que, tras escucharla, sonrió.

—Para Ricardo, eso debe de haber sido devastador. Y tu idea de enfrentarlo a Noé fue muy inteligente.

—¿Y tú? ¿Qué pasó con Álvaro? ¿Ya recibió su merecido? —preguntó Doris.

—Alguien se lo llevó antes que yo.

Al oír eso, Doris dejó de masticar. Sus ojos brillaron de repente.

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