***
Eran las siete de la noche, y la oscuridad se había adueñado del cielo.
Doris, de pie junto a la ventana, observaba la Villa Oeste con una mirada profunda como un abismo.
Las tres pequeñas serpientes la acompañaban en silencio.
De repente, el sonido de un teléfono rompió la quietud.
Doris miró la pantalla y contestó la llamada de Sombra.
—Jefa, su madre está a salvo. El que la secuestró se llama Bruno, era el mayordomo de Julián. Al parecer, lo hizo por rencor, porque usted lo despidió. Julián le prometió que si secuestraba a su madre, podría volver a trabajar en la residencia Palma.
Al confirmar quién estaba detrás de todo, la mirada de Doris se volvió aterradora.
—Entendido.
—Jefa, ¿qué hacemos con este Bruno?
—Esperemos a que Julián vuelva a llamarlo. Quiero ver qué planeaba hacerle a mi madre.
—De acuerdo.
A lo lejos, se escuchó la voz de Tatiana.
—Señorita, ¿está hablando con mi hija?
—Sombra, pásale el teléfono a mi madre, quiero decirle algo —dijo Doris en voz baja.
—Claro, jefa.
Poco después, la voz de Tatiana se escuchó al otro lado.
—Doris, estoy bien. Menos mal que tu amiga llegó a tiempo. Pero, ¿cómo supiste que algo me iba a pasar?
—Mamá, con todo lo que he hecho desde que volví, era obvio que la familia de Julián me odia. Si no podían conmigo, iban a atacar a la gente que me rodea. Por eso, desde hace tiempo tengo a alguien protegiéndote en secreto —explicó Doris.
—Ah, ya veo —comprendió Tatiana—. De hecho, mi chofer, Eugenio, también se encarga de mi seguridad, pero no me esperaba que a él también lo engañaran.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida