A las diez de la noche, Fátima regresó con dos ancianos a la villa poniente de la familia Palma.
Estos dos hombres eran el curandero y el experto en brujería que Fátima había conseguido a través de su familia.
—Maestros, descansen bien esta noche. Mañana les pediré que examinen a mi suegro para determinar si está embrujado o si le hicieron algún mal de ojo —dijo Fátima antes de llamar—. ¡Bruno, lleva a los maestros a sus habitaciones para que descansen!
Julián, que se acercaba por detrás, le recordó:
—¿Ya se te olvidó que despidieron a Bruno?
—Ah, es cierto. —Al recordar el asunto, Fátima se molestó. Justo cuando iba a quejarse, Ricardo se levantó del sofá.
—Mamá, yo llevo a los señores a sus habitaciones.
Fátima hizo un gesto con la mano.
—Está bien, encárgate tú.
Cuando Ricardo subió con los dos ancianos, ella dijo con resentimiento:
—¡Esa escuincla de Doris de veras que se toma muchas libertades! ¡Hasta despidió a Bruno, que llevaba trabajando con nosotros casi veinte años!
Julián tomó un paquete de cigarros de la mesita de centro, sacó uno y lo encendió, sosteniéndolo en los labios.
—Tranquila, Bruno volverá a trabajar para nosotros muy pronto. Ya le pedí que secuestrara a Tatiana.
Sus palabras no tenían ni una pizca de emoción, como si Tatiana no fuera la esposa de su hermano.
Al saber que su esposo le había ordenado al mayordomo despedido que secuestrara a Tatiana, Fátima sintió una gran satisfacción.
—¡Ya era hora! ¡Tatiana también se está pasando de la raya! Si no le damos una lección, ella y mi cuñado de verdad van a creer que pueden pisotearnos. ¡Que se aguanten, por andar adoptando a esa escuincla salvaje!
Fátima apretó los dientes.
—Ya que la mocosa esa no quiere ir al hospital a ver a Patri por las buenas, ¡tendremos que usar la fuerza para que se someta!
Julián soltó una bocanada de humo y dijo:
—Fátima, con lo del viejo, ¿estás segura de que tienes todo preparado?
Fátima le aseguró:
—¡No te preocupes! No importa si el viejo está realmente embrujado o no, ya hablé con el experto y tenemos un plan. ¡Esta vez, Doris no tiene escapatoria!
Julián insistió de nuevo:
—Esta operación no puede tener ni un solo error. De lo contrario, los que saldremos de la familia Palma seremos nosotros.
Fátima asintió.
Al ver que Ricardo ya había instalado a los dos hombres y bajaba las escaleras, Julián se dirigió a su hijo mayor.
—Ricardo, mañana por la mañana ve al hospital y arregla el alta de Patricio. Tráelo a casa. Y de paso, dile a Carolina que también regrese.
Ricardo reaccionó.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida