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Mi Identidad Secreta: De Despreciada a Consentida romance Capítulo 483

Damián la observaba desde su pedestal, a sus pies, implorando ayuda.

—¿Dices que mataste a tu padre?

Desde que Eduardo le reveló que era una impostora, Carolina había aprendido a leer a las personas en la familia Palma. En ese momento, en la expresión de Damián, vislumbró un atisbo de esperanza para su supervivencia.

Asintió con vehemencia.

—Sí… maté a mi padre…

Tal como esperaba, al oírla, Damián se frotó el anillo que llevaba en el pulgar y dijo con una voz que helaba la sangre:

—Excelente. Necesito a alguien como tú, capaz de matar a su propio padre.

»Mis hombres se encargarán del cadáver, pero a cambio, harás un trabajo para mí. Es muy arriesgado, pero ya que tienes sangre en las manos, eres la persona ideal para ello.

Carolina no dudó ni un segundo.

—¡De acuerdo! —asintió de inmediato—. ¡Haré lo que sea con tal de que el señor Carrasco me salve!

El próximo año, en una isla secreta, se celebraría el banquete del «Jardín Secreto». Damián necesitaba un nuevo lote de mujeres jóvenes para que sirvieran como esclavas sexuales a los invitados y a los peces gordos que respaldaban a la familia Carrasco.

Ahora que la familia Carrasco estaba intentando limpiar su imagen, él no podía involucrarse directamente, así que tenía que hacerlo a través de terceros.

Carolina lo había perdido todo y estaba entre la espada y la pared. Encargarle que reclutara a un grupo de jovencitas para probar un nuevo afrodisíaco era la solución perfecta.

Si algo salía mal, podría culpar a Carolina y a Julián, quien pretendía aliarse con él. De paso, arrastraría a la Farmacéutica Palma por el lodo, atribuyéndoles el desarrollo del fármaco.

—Carolina —dijo Damián—, si haces bien el trabajo que te encomiendo, te daré la oportunidad de acabar con Doris con tus propias manos.

Al oír eso, un brillo de esperanza iluminó los ojos apagados de Carolina. ¡La oportunidad de vengarse de Doris! ¡Era perfecto!

—¡Señor Carrasco, haré todo lo que me pida!

Damián se dio la vuelta y le ordenó a su asistente:

—Que lleven a Carolina al hospital para que le arreglen la cara y que alguien se encargue del cadáver que está adentro.

—Entendido —asintió el asistente.

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