Ante la verborrea de Fátima, Felipe respondió:
—Fátima, ¿con qué cara me reclamas? Si no fuera porque ustedes se la pasaron haciendo circo en la casa por esa hija adoptiva, Carolina, ¿crees que papá se habría llevado tal disgusto?
—Papá, no discutas con la señora Fátima. Es tonta, no entiende razones —aconsejó Doris con calma a su apuesto padre, y luego se volvió hacia Fátima con una sonrisa burlona—. Descuide, señora Fátima. Ni mi papá ni yo vamos a molestar a mi abuelo; solo haremos nuestro mejor esfuerzo para hacerlos rabiar a ustedes hasta que revienten.
¡¿Qué significaba eso de que era tonta?! Fátima quiso replicar, pero Patricio se apresuró a decir:
—Ya, mamá, ¿puedes callarte un poco?
Al notar la impaciencia en el tono de su segundo hijo, Fátima decidió no hablar más para no ponerlo en una situación difícil, pero ver a su propia hija comportarse así la llenaba de ira, así que se alejó para no verla.
Patricio miró a Doris con amargura y sonrió:
—Dori, mi mamá es así, no se lo tomes en cuenta.
Doris replicó:
—¿Acaso tú y tu madre no son iguales? Ricardo salió a su padre y tú a tu madre, se nota que son sus hijos.
Patricio: "..."
No queriendo seguir humillándose frente a Doris, se fue con una sonrisa forzada hacia la zona de espera donde estaba su madre.
Julián le dio una palmada en el hombro a su hijo mayor, Ricardo, y le dijo con tono grave:
—Lo que tengas que decir, déjalo para cuando llegue tu abuelo. Ahorita no vayamos a buscar problemas con ella.
—Entendido. —Ricardo retiró la mirada y siguió a su padre hacia donde estaban Fátima y Patricio.
—¿Así están las cosas? ¿Y papá quiere que nos reconciliemos? ¿Es en serio? —Al ver la escena, Felipe estaba tan indignado que casi le daba risa.
Tatiana suspiró.
—Feli, Fátima tiene razón en algo: la salud de papá no está para disgustos. Esta noche tratemos de no decir nada que lo altere.

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