Al escuchar a Higinio, Doris entendió su intención de inmediato.
—Siendo así, es mejor que Alexander y Ernesto no confíen en ti por ahora. De esa forma seguirán actuando como piensan, y eso hará que Héctor y los demás crean ciegamente que su plan va a funcionar.
—Exacto, eso también es parte del plan —bromeó Higinio.
Doris no pudo evitar burlarse un poco:
—¡Vaya hermano que eres! Antes me daba pena que tu propio hermano no confiara en ti, pero ahora me empieza a dar lástima Alexander por cómo lo estás usando.
Higinio giró la cabeza para mirar la bruma de las montañas a lo lejos a través de la ventana. Tenía una sonrisa en los ojos, pero su tono era serio y profundo.
—Tómalo como la primera lección que le doy como hermano mayor, antes de que se convierta oficialmente en un miembro de la familia Villar.
La actitud de Higinio le recordó a Doris un dicho: quien bien te quiere, te hará sufrir... o al menos te preparará para lo peor.
Con un hermano así, el futuro de Alexander no sería malo.
Aunque la ambición desmedida de Rubén casi dejó a Higinio inválido, fue precisamente gracias a eso que Higinio descubrió que el Álvaro que había traído a casa era un impostor.
Como dicen, no hay mal que por bien no venga.
...
Alexander y Ernesto regresaron al fraccionamiento. Apenas cerraron la puerta, Ernesto comenzó a hacer señas para felicitar a Alexander:
[Actuaste muy bien hace rato. Tu hermano seguro cree que confiamos totalmente en él y que solo queremos ir tras su padre, Rubén].
Alexander mostró una sonrisa amarga y una mirada complicada.
—Ernesto, no se te olvide que soy actor. Fingir un poco no es nada para mí.
—El problema es...
—Ernesto, ¿de verdad vamos a actuar a espaldas de Higinio?

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